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Mar 27

Repensando Romanos 13

Rev. Rusty Lee Thomas. (Original en inglés aquí)

Romanos 13:1-4 Todos deben someterse a las autoridades públicas, pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto, así que las que existen fueron establecidas por él. 2 Por lo tanto, todo el que se opone a la autoridad se rebela contra lo que Dios ha instituido. Los que así proceden recibirán castigo. 3 Porque los gobernantes no están para infundir terror a los que hacen lo bueno sino a los que hacen lo malo. ¿Quieres librarte del miedo a la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás su aprobación, 4 pues está al servicio de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, entonces debes tener miedo. No en vano lleva la espada, pues está al servicio de Dios para impartir justicia y castigar al malhechor.

La mayoría de la gente no reconoce que tan valiente era el apóstol Pablo a escribir estas palabras bajo la inspiración del Espíritu Santo. La autoridad gobernante en ese momento era Roma. El emperador enloquecido era Nerón. Como se recordará, Nerón era el endemoniado que tocaba el violín mientras Roma ardía en llamas y echó la culpa a los cristianos. Este engaño abrió las compuertas de la cruel persecución contra el pueblo de Dios. Fue en este ambiente que Pablo define el papel del gobierno civil en el Nuevo Testamento.

En nuestro intento por rescatar a los bebés en clínicas de aborto en toda América, en varias ocasiones las autoridades civiles, como la policía local y el FBI, comenzaron los interrogatorios citando Romanos 13:1-4. Su premisa básica era desviar su culpa para proteger el asesinato del bebé y violar la ley de Dios “No matarás” para hacernos la parte culpable. Sin embargo, en el caso del aborto el gobierno civil es el quebrantador de la ley. Considerando que los que tratan de rescatar pacíficamente a los inocentes injustamente condenados a muerte son los guardianes de derecho (Proverbios 24:12), nuestra respuesta fue: “Es interesante que menciones este pasaje. Hitler citó este pasaje a menudo para condenar a los cristianos que se oponían a sus atrocidades sangrientas también.” Inmediatamente cambiaron sus tácticas de investigación.

Romanos 13:1-4 es quizás uno de los pasajes más malinterpretados incorrectamente citados en toda la Escritura. La mayoría de los cristianos hoy otorgan carta blanca al gobierno civil. Creen que los cristianos deben obedecer a los magistrados civiles sin importa cuán malvados, crueles y tiránicos sean sus decretos. Esto, sin embargo, no es el verdadero significado de Romanos 13:1-4. Tal obediencia ciega termina inevitablemente en la tragedia. El resultado es un estado con la máxima autoridad en vez de Dios. La historia registra las atrocidades sangrientas que suceden cuando el gobierno se convirtiera en este estado miserable. No, este pasaje enseña cómo debe ser un buen gobierno según el diseño de Dios revelado en su Ley.

Primero, es importante tener en cuenta lo que este pasaje no aborda. No habla de lo que sucede cuando el gobierno civil traiciona su comisión sagrada como un “ministro de Dios.” No aborda el tema complicado del magistrado que invierte su responsabilidad a Dios castigando al bueno y protegiendo al malo. No toca la tiranía civil, la injusticia y la opresión. ¿Hay duda que estos abusos existen?

Hay otros pasajes de la Escritura que tratan de la traición por los magistrados contra la máxima autoridad de Dios cuando rehúsan reconocer que Dios delega la autoridad civil y a Él tienen que rendir cuentas. Por ejemplo, en el Nuevo Testamento, Pedro y los Apóstoles sufrieron persecución por parte de las autoridades de su día. Hechos 5:29 registra su firme resolución justa en medio de la tiranía, “Pedro y los otros apóstoles respondieron y dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.”

Este tema está entrelazado a través de todo el tejido de la Escritura. Uno puede recordar a Daniel en el foso de los leones y emocionarse a las hazañas de los tres jóvenes hebreos en el horno ardiente como otros ejemplos. Daniel 3:12-18 cuenta la historia:

“Hay unos varones judíos, los cuales pusiste sobre los negocios de la provincia de Babilonia: Sadrac, Mesac y Abed-nego; estos varones, oh rey, no te han respetado; no adoran tus dioses, ni adoran la estatua de oro que has levantado.

Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que trajesen a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Al instante fueron traídos estos varones delante del rey. Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que vosotros no honráis a mi dios, ni adoráis la estatua de oro que he levantado? Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?

Sadrac, Mesac y Abednego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado. Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se demudó el aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abednego, y ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado. Y mandó a hombres muy vigorosos que tenía en su ejército, que atasen a Sadrac, Mesac y Abednego, para echarlos en el horno de fuego ardiendo. 21Entonces estos varones fueron atados con sus mantos, sus calzas, sus turbantes y sus vestidos, y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo. 22Y como la orden del rey era apremiante, y lo habían calentado mucho, la llama del fuego mató a aquellos que habían alzado a Sadrac, Mesac y Abednego. 23Y estos tres varones, Sadrac, Mesac y Abednego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo.

Nabucodonosor, el monarca civil, se enfureció en su negativa a someterse a su decreto idólatra. En represalia, mandó que se calentara el horno siete veces más de lo normal. Ordenó a algunos de los soldados más fuertes de su ejército atar a los tres jóvenes y arrojarlos al horno llamas. Para consternación del rey, sin embargo, la llama consumió a sus valientes pero no se atrevió a tocar a los fieles servidores de Dios. Mirando al horno no sólo se sorprendió al encontrar a los tres hombres que condenó a las llamas todavía vivos, sino otro “hombre” se unió con ellos. Es seguro asumir que era una visita pre-encarnada de la segunda persona de la Trinidad, Jesucristo.

Cuando el rey finalmente absorbió la realidad que la llama no tenía poder sobre estos hombres, les llama estos valientes hebreos a salir del horno.

Abrumado por la salvación de estos hombres por la mano poderosa de Dios, la Biblia registra:

“Entonces exclamó Nabucodonosor: «¡Alabado sea el Dios de estos jóvenes, que envió a su ángel y los salvó! Ellos confiaron en él y, desafiando la orden real, optaron por la muerte antes que honrar o adorar a otro dios que no fuera el suyo. Por tanto, yo decreto que se descuartice a cualquiera que hable en contra del Dios de Sadrac, Mesac y Abednego, y que su casa sea reducida a cenizas, sin importar la nación a que pertenezca o la lengua que hable. ¡No hay otro dios que pueda salvar de esta manera!»

Después de eso el rey promovió a Sadrac, Mesac y Abednego a un alto puesto en la provincia de Babilonia.”

Esta premisa bíblica es de vital importancia, como muchos en la iglesia de hoy en día creen falsamente que debemos obedecer el gobierno civil, sin importar si usurpan desafiantemente el lugar, la posición y la autoridad del Todopoderoso Dios en la tierra. La Biblia llama a esta idolatría acto traicionero, ya que viola claramente el primer mandamiento, “No tendrás dioses ajenos delante de mí.”

G.W.F. Hegel creía, “El Estado es el dios que anda en la tierra.” Benito Mussolini, el dictador fascista de Italia en la Segunda Guerra Mundial, declaró: “Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado.” Estas citas promueven la peligrosa ideología del estatismo. Es otro dios falso entre la miríada de dioses que compiten por las almas de los hombres y el destino de las naciones. Trágicamente, sólo crea otro ídolo para la destrucción. Es este dios falso que engendra a hombres falsos quien, a su vez, dan testimonio falso en la tierra.

El cristiano moderno se ha vuelto bíblicamente analfabeta que nos hemos olvidado o rehusamos creer que Jesucristo es el Señor no sólo de la iglesia sino también del Estado. Muchos de mis lectores probablemente están tambaleándose por una declaración tan atrevida. Tal vez usted está pensando, “¿Qué pasa con la doctrina de la separación de la Iglesia y el Estado?” Hay una separación bíblica de la Iglesia y el Estado, pero ningún hombre, gobierno o nación es independiente de la autoridad del Dios Todopoderoso. Es importante saber que esta falta de conocimiento bíblico no fue siempre el caso en nuestra historia. A.A. Hodge, un escritor estadounidense, profesor y teólogo de la Universidad de Princeton declaró:

El cristiano es tanto obligado obedecer la voluntad de Dios en el más laico de su trabajo diario como su closet de oración o en la mesa de la Santa Cena. No tiene derecho separar su vida en dos reinos y admitir diferentes códigos morales en cada uno…El reino de Dios incluye a todas la áreas de la vida humana y es un reino de justicia absoluta. Eres un súbdito leal o un traidor. Cuando llegue el rey, ¿cómo te va a encontrar haciendo?

El reino de Dios es uno, no se puede dividir…Si la Iglesia languidece, el Estado no puede estar bien de salud; y si el Estado se rebele contra su Señor y Rey, la iglesia no puede disfrutar de Su favor…Yo les mando a los ciudadanos de los Estados Unidos a flote en su ancho mar de la política, hay otro rey, Jesús: LA SEGURIDAD DE LA ESTADO se puede asegurar SOLO EN EL CAMINO DE LA LEALTAD HUMILDE Y DE TODO CORAZÓN A SU PERSONA Y DE OBEDIENCIA A SU LEY.

Salmo 2 profetizó la venida del Reino de Cristo y las ramificaciones específicas en relacionan a los reyes, jueces y gobernantes:

1 ¿Por qué se sublevan las naciones,
Y los pueblos traman cosas vanas?

2 Se levantan los reyes de la tierra,
Y los gobernantes traman unidos
Contra el Señor y contra Su Ungido diciendo:

3 “¡Rompamos Sus cadenas
Y echemos de nosotros Sus cuerdas!”

4 El que se sienta como Rey en los cielos se ríe,
El Señor se burla de ellos.

5 Luego les hablará en Su ira,
Y en Su furor los aterrará, diciendo:

6 “Pero Yo mismo he consagrado a Mi Rey
Sobre Sion, Mi santo monte.”

7 “Ciertamente anunciaré el decreto del Señor
Que me dijo: ‘Mi Hijo eres Tú,
Yo Te he engendrado hoy.

8 ‘Pídeme, y Te daré las naciones como herencia Tuya,
Y como posesión Tuya los confines de la tierra.

9 ‘Tú los quebrantarás con vara de hierro;
Los desmenuzarás como vaso de alfarero.’ ”

10 Ahora pues, oh reyes, muestren discernimiento;
Reciban amonestación, oh jueces de la tierra.

11 Adoren al Señor con reverencia,
Y alégrense con temblor.

12 Honren al Hijo para que no se enoje y perezcan en el camino,
Pues puede inflamarse de repente Su ira.
¡Cuán bienaventurados son todos los que en Él se refugian!

El comunismo, el socialismo, el humanismo y todos los demás “ismos” del hombre son parte de la furia vana de los paganos que se oponen al Reino de Cristo en la tierra. Traman consejos para quebrar las bandas espirituales de Dios y las cuerdas morales consagradas en sus Leyes trascendentes. La distorsionada doctrina de la “separación de iglesia y estado” de nuestra nación caería bajo esta categoría. La élite que nos gobierna ha propagado esta doctrina fomentando un temor exagerado de los supuestos abusos de la iglesia para eliminar el conocimiento de Dios de la vida pública. Sin embargo, en medio de su rebelión contra los derechos de la Corona del Rey Jesús el Señor, Él se ríe de sus vanos intentos de destronarlo.

Lamentablemente, cuando Dios se ríe en el cielo, no es divertido en la tierra. Él se burlará de nuestra nación y si continuamos en rebelión, Él nos aplastará con su vara de hierro. Es esta realidad del Reino Soberano de Cristo que ha llevado a nuestros pueblos a la patética condición actual en que nos encontramos. Cuanto más nuestras naciones rechazan la soberanía del Rey Jesús cuanto más se desmoronan como pueblo. De Dios nadie se burla (Gálatas 6:7). Hemos sembrado al viento y estamos cosechando el torbellino (Oseas 8:7).

Las actuales filosofías políticas vanas de los hombres no son más que volver a la estrategia fallida de la “Torre de Babel” (Génesis 11). Rebeldes del Pacto se hacen en vano conspiran para llegar a los cielos por así decirlo y tira hacia abajo a Dios de su trono para que lo sustituya. No funcionó para Babel y no va a funcionar para ningún sistema Anticristo o estatal en el futuro.

Jesucristo, sin temor a equivocarse, declaró: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra,” (Mateo 28:18). “Toda rodilla se doblará y toda lengua confesará del hombre el señorío de Cristo,” (Filipenses 2:10,11; Isaías 45:23). Las Escrituras declaran que Cristo ha resucitado, ascendió a la diestra de la Majestad y él reina sobre todo el universo hasta que haya puesto todos sus enemigos debajo de sus pies (Salmo 110:1; 1 Corintios 15:25; Hebreos 1:13; 10:13). Colosenses 1:18 revela enfáticamente: “Él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia.” Todas las cosas incluyen, las leyes, el gobierno y los asuntos de estado.

Abraham Kuyper, teólogo holandés, estadista, escritor y el primer ministro de los Países Bajos lo resumió mejor. Él declaró: “En la extensión total de la vida humana no hay un solo centímetro cuadrado del cual el Cristo, el único que es soberano, no declara, ‘¡Esto es mío!’” Todas las otras naciones de la tierra harían bien recordar esta verdad inalterable.

Segundo, el gobierno piadoso reconoce que Dios es la autoridad suprema y el gobierno civil es una autoridad delegada. Ya que Dios creó y estableció el gobierno civil (Génesis 9: 6), el magistrado está obligado a apoyar los propósitos de Dios para el gobierno civil como se aplica a la esfera civil. Una vez más, los magistrados civiles son siervos de Dios. El buen gobierno civil reconoce que Dios gobierna y reina en los asuntos de los hombres. Él establece reinos y los derriba. Él posee y deshereda las naciones de acuerdo con su obediencia o desobediencia a Sus leyes (Deuteronomio 28).

Tercero, el buen gobierno civil reconoce la ley de Dios como el estándar para el bien y el mal. ¿Por qué es esto importante? El gobierno civil lleva la espadaes de la justicia para castigar a los malhechores como Dios define el mal y proteger a los que son buenos a los ojos de Dios como Él define bueno. Sólo la ley de Dios define para el hombre estas normas eternas fijas. De lo contrario, la naturaleza pecaminosa del hombre siempre dice a lo malo, bueno, y a lo bueno, malo (Isaías 5:20). Vemos esta parodia más descaradamente en la despenalización del aborto y la homosexualidad por nuestros gobiernos. En vez de castigar estos delitos previstos en la ley de Dios (1 Timoteo 1:9-11) protegen estas abominaciones con la espada del gobierno civil.

A lo largo de las Escrituras Dios advierte a los magistrados que es una abominación castigar al justo y perdonar a los impíos (Proverbios 17:15). Isaías 10:1 dice: “1¡Ay de los que dictan leyes injustas, y prescriben tiranía! Los gobernantes descienden a esta condición deplorable cuando se niegan a reconocer la ley de Dios y son negligentes en su deber de mantenerla en el ámbito civil.

En nuestra época, es popular echar en chorro la idea errónea de que los cristianos no deben a legislar la moralidad. Una vez más, uno oye los gritos de “separación de Iglesia y Estado” llenar la tierra para censurar, “Así dice el Señor” en el ámbito político. La verdad es que todas las leyes y las políticas públicas se basan en la definición de la moralidad/ética de alguien, la opinión de alguien del bien y el mal, y de lo que es justo e injusto. Uno no puede escapar de esta realidad. La cuestión es, ¿Será la verdad objetiva de Dios o la razón subjetiva del hombre que sea la base de la ley? En cualquier caso, se está legislando la moralidad y ética de alguien.

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