VISIÓN
AMÉRICA LATINA

Construyendo los cimientos intelectuales para la futura civilización cristiana.

Las Herramientas del Salmo 137

“El avance tecnológico viene con la ciudad”1 dijo James Jordan, y es interesante notar que parte del propósito para el cual el hombre fue creado fue para construir una ciudad, la ciudad de Dios; y un aspecto importante sobre esto es que no hay neutralidad en cuanto al llamado de los hombres; o construyen la ciudad de Dios o construyen la ciudad del hombre, incluso en la pasividad siempre se construye algo. La parábola de los talentos (Mt 25:14-30) nos enseña sobre la fidelidad ética de los mayordomos, no en la productividad “per se”. La resolución del Señor sobre aquel mayordomo que no produjo por su temor fue la de ser un mayordomo infiel mas no la de no ser productivo, y esto porque los recursos que se le dieron según su llamado de hacer negocios debieron ser puestos al servicio de su Señor, sin embargo, alguien más produjo donde este no lo hizo, siempre hay alguien más que produce o construye donde otro no lo hace. 

En este mismo sentido, Romanos 6:13 dice:

“No ofrezcan los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de injusticia; al contrario, ofrézcanse más bien a Dios como quienes han vuelto de la muerte a la vida, presentando los miembros de su cuerpo como instrumentos de justicia.”

No solo los recursos materiales deben ser puestos al servicio de Dios sino también todo nuestro ser. De hecho, podemos decir que tanto nuestros miembros como los recursos con los que contamos son herramientas de avance y extensiones de nosotros como personas.

Meditando sobre el Salmo 137, me llamó la atención en los versos 4 al 6 leer que mientras los hebreos se encontraban en cautiverio, el salmista hace la siguiente declaración:

    “¿Cómo cantaremos cántico de Jehová 

    ¿En tierra de extraños? 

    Si me olvidare de ti, oh Jerusalén, 

    Pierda mi diestra su destreza. 

    Mi lengua se pegue a mi paladar, 

    Si de ti no me acordare; 

    Si no enalteciere a Jerusalén 

    Como preferente asunto de mi alegría.” Salmos 137:4-6

Al parecer el salmista sabía muy bien que “su” instrumento de alguna manera era una extensión de su cuerpo, una herramienta puesta al servicio de su Señor, y que al estar en una tierra ajena preferiría perder la destreza de su mano derecha y que su boca quedara pegada a su paladar antes de poner sus “herramientas” al servicio de otro “señor” 

Con esto no quiero decir que debemos actuar como sectarios no involucrándonos en negocios o actividades con los no creyentes, sino más que nada mi enfoque es el tomar la postura de que hay una separación pactual que debe hacernos pensar en que todo lo que hagamos debe tener en mente la edificación de la ciudad de Dios, no la del hombre. 

Este aspecto de no neutralidad respecto al llamado de edificar una ciudad debe ser claro para el cristiano, ya que esto nos quitará la mala costumbre de querer “bautizar” prácticas o instituciones que son hostiles al orden social de Dios. La perspectiva del salmista es clara respecto a esto, el prefiere perder su habilidad antes que poner sus “herramientas” al servicio de alguien más. ¿Cuántos docentes, abogados, ingenieros, artesanos cristianos hay, que actualmente construyen la ciudad del hombre?

Adentrándonos un poco en la cosmovisión hebrea, ellos reconocían cierta separación entre el pueblo de Dios y las demás naciones, pero no una separación meramente étnica sino pactual. Estas separaciones son recurrentes en la Biblia, por ejemplo, Noe y su separación del mundo juzgado por medio del diluvio, Israel de Egipto durante el Éxodo.

“Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto.” Deuteronomio 7:6–8.

Si reconocemos que la tierra y los que en ella habitan son del Señor (Salmo 24:1) entonces esta separación pactual no puede ser una mera separación “espiritual” ni étnica solamente sino una que presupone dominio y conquista. La separación del pueblo de Dios de las culturas paganas sí, pero para conquistarlas y establecer en su lugar la cultura de Dios que es Su Reino.1

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