VISIÓN AMÉRICA LATINA

Construyendo los cimientos intelectuales para la futura civilización cristiana.

Las mujeres que incomodan al evangelicalismo moderno.

“Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, y algunas mujeres que habían sido sanadas… que le servían de sus bienes.”  Lucas 8:1-3

Hay un detalle en Lucas 8 que la mayoría de los sermones pasan por alto rápidamente, o lo mencionan brevemente para pasar a otra cosa. Lucas registra que había un grupo de mujeres que seguían a Jesús mientras predicaba el evangelio del Reino, y que estas mujeres le servían de sus bienes. Eso es todo lo que se nos narra, sin detalle, sin un contexto más amplio, simplemente que seguían a Jesús y que le servían de sus bienes; sin que Jesús tuviera que pedirlo, sin una canasta de ofrendas de por medio.

Y esa naturalidad y simpleza es precisamente lo que hace tan interesante esta porción.

Este pasaje me dejó con una pregunta: si esto fue tan importante que Lucas, Mateo y Marcos lo registraron, y si estas mujeres fueron parte visible e indispensable del esparcimiento del mensaje del evangelio del Reino, ¿por qué la iglesia en Latinoamérica el día de hoy trata la contribución financiera y material al Reino como algo secundario, si no es que casi inmencionable?

La respuesta tiene dos nombres: dispensacionalismo y pietismo. Y ambos han hecho un daño enorme.

Lucas nos da tres nombres, María Magdalena, Juana y Susana entre muchas mujeres. El detalle aquí no es decorativo ni usado como relleno, no olvidemos que Lucas sirvió como un tipo de historiador y cada detalle importa en su evangelio. En la cultura del primer siglo, nombrar a alguien en un texto era reconocer su importancia en la historia, así que Lucas las nombra porque estas mujeres tuvieron un rol que no podía quedar en el anonimato ni pasar desapercibido.

Fíjate quienes eran, María Magdalena, de ella habían salido siete demonios según la narración de Lucas, ahora, el número siete en las escrituras habla de plenitud, esto significa que no era que estaba un poco perturbada; su condición anterior era total, completa, devastadora. Por otro lado, se nos menciona a Juana, esposa del administrador de Herodes; eso significa que venía de los círculos del poder político más corrupto de ese tiempo, de la corte misma de quien mando decapitar a Juan el Bautista. Y Susana, de ella no sabemos nada mas que su nombre, por lo cual podemos asumir que era conocida por la comunidad sin necesidad de una extensa presentación, aquellos que se toparan con esta narración sabrían sin duda quién era.

Tres mujeres que en otro tiempo sirvieron a otros señores, que vivieron en términos de una ley diferente. Una fue presa del enemigo, otra parte del sistema político que perseguía que se oponía al Reino. Ahora, liberadas, canalizan sus recursos hacia la causa que las transformo.

“Al que mucho se le perdona, mucho ama.”  Lucas 7:47

Eso es exactamente lo que vemos aquí. El servicio de estas mujeres no nació de una obligación ni de la presión social de su comunidad. Nació de un corazón que había sido transformado y que ahora amaba con todo con lo que tenía. Amaban tanto que no se les ocurrió guardar sus recursos para sí mismas cuando había un Reino que financiar.

Aqui es donde hay que decir algo incomodo… el avance del Reino de Dios se da también por medio del financiamiento.

No lo digo yo, lo dice la historia misma. Jesús y los doce no vivían de milagros de provisión diaria, vivían, entre otras cosas, de los bienes que estas mujeres y otros discípulos aportaban. El ministerio de la predicación del evangelio del Reino tenía una logística real por llamarlo de alguna manera, con costos reales, sostenido por personas y recursos reales que entendían que su mayordomía era la parte práctica de su discipulado.

Esto debería ser bastante obvio. Sin embargo, en gran parte de la iglesia evangélica en América Latina, hablar de financiar la cultura cristiana suena raro, casi materialista si no es que hasta carnal y mundano. Y esa incomodidad no es bíblica, es el resultado de décadas de enseñanza defectuosa con dos raíces muy claras.

El problema dispensacionalista.

El dispensacionalismo, les enseñó a varias generaciones de creyentes que este mundo no tiene remedio, que la historia va en picada rumbo al anticristo, y que la tarea del cristiano es aguantar lo más que pueda y sacar almas del fuego antes de que llegue el fin, por eso de que “uno no pule el cobre de un barco que está a punto de hundirse”. En esa cosmovisión, invertir recursos en construir cultura, instituciones, o pensamiento cristiano es un desperdicio. ¿Para qué sembrar si ya casi es la hora de la cosecha? ¿Para qué construir si todo se va a quemar?

El resultado práctico o la conclusión lógica de esa teología es una iglesia que no toma en serio su responsabilidad cultural. Una iglesia que no funda universidades ni escuelas cristianas, que no establece cortes judiciales que usen la ley bíblica, que carece de una visión a largo plazo, que cuando tiene recursos, los invierte en más edificios para más cultos, pero casi nunca en las estructuras llamadas instituciones que forman la cultura de Dios.

El problema pietista.

El pietismo por otro lado tiene un problema distinto, pero igual de dañino. No niega que el mundo deba cambiar, pero reduce ese cambio a la transformación espiritual interior del individuo. En la práctica pietista, lo que le importa a Dios es tu devocional de las mañanas, tu pureza personal y la cantidad de almas que llevaste a los pies de Jesús esta semana. Todo lo demás, incluyendo el dinero, la política, la economía, el arte y la educación, pertenece a una esfera “neutral” que es mejor no mezclar con la fe.

El pietismo le tiene pavor a la palabra “dominio”. Le incomoda hablar de influencia cultural, de instituciones, de visión a largo plazo. Y cuando se le habla de financiar la cultura o el orden social cristiano, le suena a prosperidad, a ambición mundana, a rebajar el evangelio con el dinero.

Pero Lucas 8:1-3 nos muestra otra perspectiva diferente. Muestra a mujeres que entendieron que el evangelio del Reino que había transformado sus vidas tenía que avanzar en el mundo real, avanzar con recursos reales. No olvidemos que todo orden social, no solo el cristiano, necesita ser financiado.

La cultura cristiana en nuestro tiempo ha sido reducida a una cultura periférica, precisamente porque financiarla ni siquiera nos pasa por la cabeza.

America Latina tiene iglesias llenas. En muchos países, el evangelicalismo ha ido en aumento. Hay recursos, hay profesionistas, hay empresarios, hay gente con capital real que declara seguir a Cristo.

Entonces, ¿hacia dónde van esos recursos?

Si van exclusivamente a mantener la subcultura dentro de las iglesias, a financiar cultos, encuentros, conferencias más grandes, pantallas de última generación y sonido de mejor calidad para elevar la experiencia del domingo, pero no a construir las instituciones que formen la cultura del futuro orden social cristiano, entonces el movimiento cristiano latinoamericano seguirá siendo, por más grande que sea numéricamente, como mencioné, una subcultura periférica sin capacidad de transformar nada, sino irrelevante.

Las mujeres de Lucas 8 no financiaron el entretenimiento religioso de su tiempo, financiaron la predicación y expansión del evangelio del Reino por todas las ciudades y aldeas. Financiaron un movimiento que tenía una misión clara, las buenas nuevas del Reino de Dios sobre toda la vida.

La reconstrucción cristiana necesita financiamiento, no solo predicadores.

El proyecto de reconstrucción cristiana en America Latina necesita pensadores, escritores, jueces, educadores que puedan concertar una visión bíblica integral para todas las esferas de la sociedad. Pero también necesita, como el ministerio de Jesús necesitó a Juana y a las demás mujeres, personas y familias que entiendan que financiar ese trabajo es parte de su vocación como discípulos y que de ninguna manera es un servicio fútil, sino necesario y relevante.

Ahora, la pregunta no es si hay recursos, la pregunta es si hay cristianos que, como María Magdalena, como Juana, como Susana, hayan sido tan transformados por el evangelio del Reino que encuentren completamente natural poner sus recursos al servicio de este.

El dispensacionalismo te dice que no vale la pena invertir en este mundo porque ya se acaba. El pietismo te dice que lo espiritual y lo material no se mezclan. Pero Lucas 8 nos dice otra cosa; que hubo mujeres que sirvieron con sus bienes, que ese servicio fue parte importantísima del avance del Reino. El servicio de estas mujeres y de muchas otras de las cuales sus nombres no quedaron registrados, significó que el día de hoy gocemos de los beneficios que trae la cultura cristiana. Estas mujeres no solo desafían al dispensacionalismo y al pietismo, sino al mismo evangelicalismo moderno que satura las iglesias el día de hoy.

Dios se aseguró de que su servicio quedara registrado para que sigamos aprendiendo de el siglos después. Para que sigamos recordando que un corazón regenerado, transformado por el evangelio del Reino, da fruto a ciento por uno.

“Mas la que cayó en buena tierra, estos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia.”  Lucas 8:15

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