May 15

“Y En Una Santa Iglesia Local”: La Guetoización del Protestantismo[1] (Parte 2)

“Y En Una Santa Iglesia Local”: La Guetoización del Protestantismo[1] (Parte 2)

Por Bojidar Marinov, Traducido por Youseff Derikha

1       Dios de los Llaneros Solitarios, Destructor de Sistemas

Es por esta razón que la Iglesia en el pasado no estaba en contra, y ciertamente no tenía miedo, de enviar a los cristianos como “llaneros solitarios”, o de aceptarlos como una parte necesaria de su propio crecimiento. De hecho, en los primeros siglos de la Iglesia, los “llaneros solitarios” cristianos fueron elogiados por su compromiso y coraje, y sus vidas fueron inmortalizadas en biografías oficiales. El género literario de la biografía o de la autobiografía era, de hecho, muy característico de la cultura cristiana, pues sólo la cultura cristiana valoraba al individuo lo suficiente para hacer que su vida fuera digna de ser registrada.[2] Y de aquellos cuyas vidas fueron registradas y leídas en la iglesia primitiva -incluso como parte del servicio de adoración, a veces- la gran mayoría eran ascetas o misioneros solitarios.

Había una razón teológica para ello, y tenía que ver con el nuevo estado del hombre bajo Dios, en relación con la sociedad. El paganismo siempre ha sido completamente colectivista y estatista, siempre ha tratado de vincular al individuo a una sociedad visible y organizada. Fue en este tema donde Aristóteles y Platón, tan diferentes entre sí en muchos aspectos, estuvieron de acuerdo en que el hombre necesita una sociedad visible para ser hombre. Aristóteles incluso negó la naturaleza humana de aquellos hombres que eran “llaneros solitarios”, que no necesitaban ninguna sociedad:

Y por qué el hombre es un animal social en una medida mayor que cualquier abeja o cualquier animal gregario está claro. . . . Es claro, por lo tanto, que el estado es también anterior por naturaleza al individuo; pues si cada individuo, cuando está separado, no es autosuficiente, tiene que estar relacionado con todo el estado como lo son las demás partes de su conjunto, mientras que un hombre incapaz de asociarse o que es tan autosuficiente que no tiene necesidad de hacerlo, no es parte de un estado, por lo que debe ser una bestia o un dios.

Las palabras de Aristóteles fueron aceptadas como normativas en todo el mundo de la Grecia Clásica y Roma. Basó su argumento en la “ley natural”, en la evidencia de la naturaleza, y todo el mundo simplemente “vio” que el hombre sólo necesita del colectivo para ser verdaderamente hombre. El colectivismo es inherente al paganismo, y el mundo clásico no sabía nada de “Llaneros solitarios”. El cristianismo, sin embargo, se opone a esta noción pagana con una nueva teología del hombre: es decir, un hombre con Dios, aunque sea solo contra el mundo entero, está en mayoría.

Hoy tenemos algunos que, imaginando que están haciendo servicio a Dios, escriben tratados contra los “llaneros solitarios”, arrojándoles la culpa de los fracasos de la iglesia en el último siglo. Lo que realmente están haciendo no es prestandole un servicio a Dios, sino restaurando el paganismo y el secularismo, con todo y su infamia colectivista, con toda su desconfianza en el dominio propio bajo Dios, con todo su desprecio del individuo que tiene un llamamiento superior y trascendente, independiente de la ingeniería social hecha por el hombre. Incluso cuando tales hombres son sinceros en su imaginación del supuesto peligro de los “llaneros solitarios”, todavía están defendiendo una cosmovisión anticristiana, una cosmovisión que no es bíblica y por lo tanto también autodestructiva.

Por supuesto, la desacreditación más fácil de su imaginación se hace por la pregunta: “¿Qué llanero solitario puede nombrar que haya sido un factor importante para los fracasos y el declive de la iglesia en el último siglo?” No hay ninguno que pueda ser nombrado. Por el contrario, todas las doctrinas falsas de la iglesia en el último siglo, doctrinas que han paralizado a la iglesia y la han hecho pasiva e impotente y carente de optimismo -el pesimismo escatológico (premilenarismo y amilenarismo), el pietismo, el antinomianismo, el estatismo, el arminianismo, etc.-han sido enseñados y promovidos por celebridades, hombres de enorme seguimiento, de congregaciones locales debidamente constituidas, o denominaciones, o seminarios. Por otro lado, los “llaneros solitarios” han estado normalmente ocupados tratando de reparar el daño hecho por los eclesiásticos, y entre esos “llaneros solitarios” se pueden mencionar varios nombres como R.J. Rushdoony, Arthur Pink, Leonard Ravenhill, etc. Creer que los “llaneros solitarios” son por defecto peligrosos para la Iglesia mientras que los clérigos institucionales son por defecto cristianos fieles no revela una mente cristiana sana. Sólo revela una sorprendente ceguera a las realidades del pacto de nuestra época.

Pero también revela ceguera a las realidades del mensaje bíblico. Puesto que en la Biblia, el Dios que vemos no es un Dios de sistemas institucionales. Por el contrario, vemos a un Dios que destruye los sistemas institucionales en el momento en que demuestran estar en rebelión contra Ël.  Y adivinen qué: lo hace a través de individuos independientes, a través de los mismos “llaneros solitarios” que tantos como Jeff Durbin hoy denuncian por no ser miembros de la Iglesia.

¿Hay “llaneros solitarios” en la Biblia? Ciertamente los hay, y hay una gran cantidad de ellos. Ni siquiera tenemos que mencionar a Jesús, el Autor de nuestra fe, quien estuvo sólo contra dos sistemas, el Imperio Romano y el liderazgo religioso judío. Tal mención podría ser una piedra de tropiezo para muchos.

Tenemos a Abraham, que fue llamado para salir de su hogar y de su familia para vagar solo toda su vida. Sí, Abraham tenía su casa, pero fue llamado sólo, según Isaías 51:2. Dios no llamó a una congregación desde Ur, sino que llamó a un sólo hombre.

Tenemos a Moisés, que fue llamado de igual manera de su pueblo, y pasó 40 años de su vida solo entre los incrédulos, y luego otros 40 años solo en el desierto. Allí estaba, sólo, en el desierto, cuando Dios lo llamó para su misión. Y aún más tarde, cuando tenía la congregación más grande que el mundo haya visto, Dios todavía requería que Moisés estuviera solo delante de Él cuando Él entregó Su Ley (Ex 24: 2).

Tenemos a Elías, de quien no tenemos un sólo registro sometiéndose a ninguna congregación local de ancianos, o sirviendo a su comunidad local (“¿Quiénes son tus ancianos, Elías?”). Sorprendentemente, Jesús subraya específicamente el hecho de que si Elías ayudó alguna vez a una viuda en su angustia, fue una viuda fuera de la comunidad del pacto (Lucas 4:26). Gran parte de su vida, Elías la pasó solo, alimentado por cuervos, o viviendo en la casa de una viuda pagana, o en el monte Horeb, y sin embargo, continuó profetizando contra Israel. La queja de Acab en 1 Reyes 18:17 contra Elías hace eco casi exactamente de la queja de Jeff Durbin contra los “profetas del facebook”: “Tú, perturbador de Israel”. Un líder oficial de la comunidad del pacto habla en nombre del colectivo contra un “llanero solitario” de cuyo lado estaba Dios. Esta es la cuestión relevante aquí.

Podemos citar varios otros ejemplos de “llaneros solitarios” en el Antiguo Testamento, todos ellos resumidos en Hebreos 11:38, y todos alabados por su fe:

. . . de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.

¿Tenemos ejemplos de malos y malvados “llaneros solitarios”, personas que se oponían a la comunidad visible del pacto y su sistema de gobierno legítimo sólo por orgullo, no por amor a Dios? Tenemos, al menos uno: Jeroboam (1 Reyes 11-12).  Se rebeló contra el gobierno del rey Salomón y contra el gobierno de su hijo, Roboam. Debemos recordar que el gobierno del rey Salomón era mucho más legítimo y legalmente establecido que el “liderazgo” de cualquier iglesia bautista o presbiteriana moderna; Fue establecido directamente por Dios, confirmado por profecías y milagros. Las “iglesias” Presbiterianas y Bautistas modernas no tienen absolutamente ninguna evidencia para demostrar la legitimidad de sus llamados “ancianos”, excepto por los votos de otros hombres, de cuya legitimidad tampoco hay pruebas (y dado el declive del cristianismo en los Estados Unidos de hoy, su ilegitimidad está bien atestiguada por la maldición de Dios sobre la iglesia moderna). Y aún, en esta situación de un injusto “llanero solitario” contra una autoridad legítimamente constituida sobre la comunidad del pacto, Dios se puso del lado del “llanero solitario” y envió a sus profetas para alentar y apoyar al “llanero solitario“. Y comenzó hacerlo ya desde el reinado de Salomón (1 Reyes 11: 26-40).

Vemos lo mismo en el Nuevo Testamento. Juan el Bautista estableció el patrón en el Nuevo Testamento, viviendo solo en el desierto, sin someterse al establecimiento religioso debidamente constituido. No he leído un solo comentario bautista explicando por qué un ermitaño solitario fuera de cualquier estructura religiosa u ordenación sería una autoridad legal para realizar el bautismo. Como tampoco un comentario presbiteriano, acerca del mismo caso. Vemos a Jesús reprendiendo a los discípulos cuando querían prohibir que un hombre expulsara demonios (Marcos 9: 38-40; Lucas 9: 49-50). El hombre era un “llanero solitario” que ni siquiera tenemos su nombre grabado. Vemos un evangelista solitario, Felipe, bautizando a un etíope (Hechos 8) que regresó a su país, y debe haber sido el único cristiano allí, dado que los etíopes no fueron mencionados entre los conversos en Hechos 2.

El apóstol Pablo no suele ser considerado como un “llanero solitario”, pero el testimonio del Libro de los Hechos y algunas de sus propias epístolas nos dan suficiente indicio de que era un hombre de espíritu independiente y pensaba muy poco en las estructuras organizacionales oficiales. Antes de emprender su primer viaje misionero, aparentemente había una especie de imposición de manos sobre él por los profetas y maestros en Antioquía en Hechos 13: 1-3, y sin embargo, el texto enfatiza claramente el hecho de que el envío fue hecho por el mismo Espíritu Santo. El mismo Pablo nunca se refirió a la iglesia en Antioquía como su “congregación” o “iglesia que lo envio”. Nunca mencionó su ordenación por parte de los hombres. La pregunta tan desgraciadamente amada por los eclesiásticos modernos, “¿Quiénes son sus mayores?” Parece ser ignorada completamente por Pablo. De hecho, en todo caso, Pablo insistió a los Gálatas que él fue ordenado y enviado no por hombres (Gálatas 1: 1). Y es a estos mismos Gálatas (2: 11-21) que Pablo contó acerca del incidente en Antioquía, en la misma iglesia que le impusieron las manos  y lo enviaron, a la que Pablo debió someterse, si obedeciera a nuestra moderna mitología eclesiásticas de “sumisión a la iglesia local”.

Tenga en cuenta que para el momento de aquel incidente, Pablo todavía no era la autoridad que es hoy. Había terminado sólo un viaje misionero, no una hazaña muy impresionante, con todo, muchos otros habían hecho misiones también. Acababa de regresar del Consejo de Jerusalén que aprobó su obra, pero recuerde que en ese Consejo, Pablo no era un apóstol participante, sino un acusado. El Concilio era un tribunal de la iglesia, y Pablo fue examinado por la ortodoxia de sus ideas y prácticas. Uno de sus jueces era el mismo Pedro. Unas semanas o meses más tarde, los dos se reunieron en la iglesia de Antioquía, donde Pablo se atrevió a desafiar a Pedro por sus prácticas y puntos de vista. Recuerde, Pablo todavía no era nadie comparado con el Principal de los Apóstoles. Nadie en la iglesia compartió las opiniones de Pablo. El texto dice claramente que el resto de los judíos e incluso su estimado compañero Bernabé se unieron a Pedro en su hipocresía.  Era una posición clara de la mayoría en la iglesia -el Principal de los Apóstoles, los ancianos y los miembros de la iglesia, e incluso los asociados más cercanos de Pablo.

Nada en nuestra moderna mitología eclesiástica de “sumisión” y “membresía de la iglesia local” puede explicar las acciones de Pablo cuando vio esa hipocresía. El hombre que hace poco era un acusado en un tribunal de la iglesia, no era nadie comparado con todos los demás, solo contra toda la iglesia, se opuso al Principal de los Apóstoles “lo encaró” y lo acusó de hipocresía y de anular la gracia de Dios y el sacrificio de Cristo. Sí, este relativamente reciente converso, encaró al Apóstol que personalmente vio a Cristo, vivió con Cristo y recibió personalmente el último testamento de Cristo de cuidar de Su Iglesia (Juan 21: 15-17).

No sabemos cuál fue la respuesta inmediata de Pedro. Sabemos que eventualmente llegó a estar de acuerdo con Pablo, porque en su segunda epístola escrita 10-15 años más tarde habló muy bien de Pablo y sus escritos (1 Pedro 3:15). Pero sea cual fuere su respuesta en ese momento, hay una lección para Jeff Durbin: Que incluso si un “llanero solitario” se le acerca y lo encara en su propia iglesia, delante de todo el mundo, será mejor que Jeff no se apresure a descarlo, porque puede estar descartando a Dios mismo. Por no hablar de los “profetas del facebook” que tanto le gusta desechar. Hasta que Jeff Durbin aprenda este tipo de humildad y sumisión; acepte la corrección sin importar de dónde proviene, todavía no está calificado para decirle a otros cómo someterse.

Hay una lección aún más grande en todos estos ejemplos de “llaneros solitarios” en la Biblia, y es que Dios casi nunca habla ni da palabra profética a través de las jerarquías establecidas de la iglesia. Siempre prefiere hablar a través de individuos solitarios. Y cuando una organización pactual enfrenta a un individuo solitario que denuncia a la organización o la llama al arrepentimiento, es probable que Dios sea quien levantó a ese individuo solitario (1 Reyes 11), y la legitimidad formal de la organización no tiene absolutamente ninguna consecuencia para Dios y su pacto. Quien denuncia a los profetas o adversarios únicamente por su falta de “membresía de la iglesia local”, o porque son “llaneros solitarios”, es bíblica y pactualmente ciego y ha elegido el camino de la destrucción. Pablo tenía una buena razón para decir: “No desprecies las profecías” (1 Tesalonicenses 5:20). Dios es un Dios de “llaneros solitarios”, y un Destructor de sistemas hechos por el hombre.

2       Las mitologías modernas de “Sumisión”, “Rendición de cuentas” y “Disciplina de la Iglesia”

No hay, y nunca ha habido ningún argumento bíblico a favor de la obligatoria “membresía de la iglesia local”. La Biblia simplemente no la menciona y, de hecho, indica claramente que Dios apoya a los individuos contra los colectivos con más frecuencia de lo que Él apoya a los colectivos contra los individuos. Por una razón u otra, los hombres en colectivos son mucho más tentados a estar en contra de Él que los hombres que están solos. Debido a que no existe un argumento bíblico para el mandato de “membresía de la iglesia local”, los eclesiócratas modernos recurren a un argumento racionalista: “Sin la membresía de la iglesia local, no puede haber sumisión a los ancianos, ni responsabilidad, ni disciplina eclesiástica”.

Este hecho debe enfatizarse: No importa cuán popular sea este argumento hoy en día entre los eclesiócratas modernos, no importa cuán a menudo lo usen en sus sermones y conferencias y escritos, el argumento no es bíblico: No se puede encontrar en la Biblia, y no puede derivarse razonablemente de ninguna enseñanza bíblica, ya que contradice claramente la evidencia bíblica. La sumisión, la responsabilidad y la disciplina de la iglesia en la Biblia se hicieron claramente sin un pacto adicional o cualquier otra carga adicional relacionada con la “membresía de la iglesia local”. Un análisis de los presupuestos del argumento demuestra claramente que es un argumento racionalista, no un argumento bíblico.  Comienza con una definición a priori de “sumisión” como “sumisión a la iglesia local”, de “rendición de cuentas” como “rendición de cuentas a la iglesia local” y “disciplina” como “disciplina por parte de la iglesia local”. Una vez que la iglesia local ha sido incluida como una condición necesaria en las definiciones mismas de estas cosas, entonces, por supuesto, la pregunta que se hace es “¿Cómo tendremos sumisión, rendición de cuentas o disciplina sin la iglesia local?”

Es el mismo truco de propaganda usado hoy por los socialistas: sus definiciones de “bienestar” y “caridad” incluyen la redistribución obligatoria de la riqueza como condición necesaria, por lo que su respuesta a cualquier solución libertaria es: “¿Cómo tendremos caridad si el gobierno no cobra impuestos a los ricos?” Las carreteras, por supuesto, son siempre por definición construidas por el gobierno. Las entidades privadas no pueden construir carreteras, por lo tanto, “¿Quién va a construir las carreteras?” La educación es por defecto la educación del gobierno, así que cuando pedimos la abolición de las escuelas públicas, la respuesta es: “¿Cómo se educaría la gente entonces?” Los ejemplos de tal manipulación propagandista están por todas partes alrededor nuestro. De la misma manera, los líderes eclesiócratas modernos, después de haber redefinido “sumisión”, “responsabilidad” y “disciplina”, hacen la misma pregunta de propaganda manipuladora: “Sin la membresía de la iglesia local, ¿cómo podemos tener sumisión, responsabilidad o disciplina?”

Y, sin embargo, cuando vemos los resultados en la iglesia americana del último siglo, cuando la doctrina de la “membresía de la iglesia local” se hizo dominante, no vemos los resultados alegados. No sólo la disciplina y la rendición de cuentas están en el punto más bajo de todos los tiempos, sino que la iglesia en América ha estado perdiendo la guerra cultural por tres generaciones consecutivas. Lo que los hombres de iglesia piensan acerca del valor de su “membresía de la iglesia local”, aparentemente no contribuye en nada a la fuerza de la iglesia. Los bautistas, por supuesto, siempre han estado en todo lugar teológica y prácticamente. Ya en la década de 1640, había varias confesiones bautistas en Inglaterra, algunas calvinistas, algunas extremadamente arminianas. En el siglo XIX siguió la misma división, y hubo grupos de ambas ramas principales (calvinistas y arminianas) que entraron en un montón de ideologías heréticas. Incluso hoy en día, no hay una visión unificada entre los Bautistas, incluso dentro de la misma denominación. Recientemente, una celebridad de alto nivel dentro de la Convención Bautista del Sur pidió la excomunión de todos los calvinistas de la Convención. Como si eso no fuera suficiente, otro pastor de status de celebridad declaró recientemente que la salvación depende de votar por Donald Trump. Le tomó a SBC[3] más de 50 años, después del comienzo del movimiento de homeschool cristiano, llegar a estar más o menos unificada, aunque con la posición confusa de quién debe enseñar a los niños de padres cristianos. Algunas iglesias de la denominación han aceptado el matrimonio sodomita, uno pensaría que esto es donde al menos los Bautistas trazarían los límites, pero no. Y la situación es aún peor cuando se mira más que sólo el SBC, y cuando se mira más que sólo las opiniones teológicas y prácticas.

No importa cómo uno intente torcer la evidencia histórica y moderna, la verdad es que los Bautistas, que han tenido un requisito confesional para la obligatoria “membresía de la iglesia local” durante tres siglos y medio, tienen, de todos los grupos protestantes, el peor de los registros de rendición de cuentas y disciplina de la iglesia.

Los otros grupos y denominaciones – Presbiterianos, Episcopales (Anglicanos), Metodistas, Reformados Holandeses, Reformados Húngaros, Luteranos – no han tenido tal requisito confesional, y aunque hubo fracturas y problemas, todos ellos no podrían competir con las teológías e ideológías caóticas dentro del movimiento Bautista. . . Hasta el siglo XX, cuando todos estos grupos también aceptaron la ideología bautista de la guetoización[4] de la iglesia. Y, adivinen qué, condujo al mismo resultado que con los Bautistas: No sólo numerosas rupturas, sino también una proliferación de ideologías anti-bíblicas dentro de sus iglesias, sin mencionar cientos de casos de conductas y prácticas escandalosas y traición absoluta de los principios básicos del Evangelio que permanecen no sólo impunes, sino que en algunos casos son codificados como normativa en las mismas constituciones de algunas iglesias. [5]

Frente a la abrumadora evidencia histórica y actual, sólo una persona severamente ciega y con lavado de cerebro puede sostener seriamente que la obligatoria “membresía de la iglesia local” es necesaria para mantener la rendición de cuentas y la disciplina en la iglesia. Y de hecho, tal ceguera es común en la iglesia americana hoy, porque estos términos no han sido tomados en su significado bíblico. Se han convertido en una mitología moderna, una mitología diseñada para solidificar el poder de las élites eclesiásticas sobre la masa de los cristianos ordinarios.

Como sabemos de los extensos estudios de R. J. Rushdoony[6] sobre las implicaciones sociológicas y políticas del paganismo y del teísmo cristiano (es decir, el trinitarismo), todas las mitologías y religiones paganas y las ideologías son por defecto estatistas y colectivistas. También vimos la declaración de Aristóteles de que quien no necesita de una sociedad ni siquiera es un ser humano. Hay una buena razón para tal colectivismo: el paganismo tiene un problema con la cuestión de la unidad. Si no hay un Dios-Creador transcendente al mundo (politeísmo o ateísmo), o si ese Dios calla (islam o Arrianismo), o si ese Dios calla sobre las aplicaciones actuales de Su Palabra (cesaciónismo eclesiástico moderno, que no es nada más que el racionalismo bautizado), entonces no puede haber un principio trascendente de cohesión entre los hombres en la sociedad. O, por lo menos, tal principio sería imposible de conocer y comprender. Si no hay tal principio, entonces se deja a las agencias humanas proveer la unidad para los hombres en la sociedad. Si existe tal principio, estará tan oculto que sólo una élite «iluminada» o «espiritual» podría descifrarla y transmitirla a todos, que serían, nuevamente, agencias humanas que proporcionan cohesión y unidad. No importa cuál sea el punto de partida del pensamiento de una sociedad, si no es un trinitarismo coherente (igualdad última de unidad y pluralidad, trascendencia e inmanencia) todas sus conclusiones serán amargas; esa sociedad tenderá a degenerar en algún tipo de colectivismo. A fin de cuentas, una élite -educativa, religiosa, militar, político- tendrá que hacerse cargo de proporcionar la unidad en la sociedad. Es por eso que todas las religiones e ideologías paganas producen inevitablemente sociedades y culturas colectivistas y totalitarias.

Una vez que la cuestión de la unidad se coloca en manos de una élite, de una agencia humana, entonces ese organismo humano debe ser declarado divino, porque no se puede tolerar ningún desafío a su poder. La cuestión, nótese bien, no es sólo política u organizacional: Es ante todo religiosa. Pertenecer al colectivo, someterse a su élite (ancianos, líderes, comandantes, o como sea que lo nombren) se convierte ahora en una “parte fundamental de la vida” del miembro de la sociedad, es “el diseño de Dios” para él. Negarse a estar “bajo el cuidado” de sus amados líderes de manera predeterminada significa que él “desprecia la autoridad”, y no estar “bajo el cuidado” de la élite significa que un hombre desprecia la unidad, tal como la define la élite (recuerde, no hay unidad excepto la “unidad” que la élite provee). Así, en todo paganismo, el individuo siempre es visto con sospecha y desconfianza. Siempre se espera que los “llaneros solitarios” sean “alborotadores”, destructores de esa unidad y cohesión divinas proporcionados por la élite. Toda teoría y práctica social del paganismo -o de ese cristianismo deficiente que deifica el colectivo, como en la declaración de Jeff Durbin- tiene, por tanto, para su objetivo la sujeción del individuo y la colocación automática de la élite por sobre todo juicio, toda responsabilidad y sobre toda disciplina. A menos que los “líderes” estén libres de responsabilidad, no puede haber protección contra el “peligro” de los hombres libres que ejercen su juicio privado.

De hecho, ese es el propósito mismo de la mitología moderna de “sumisión”, “rendición de cuentas” o “disciplina de la iglesia”. Siempre hablan de “sumisión, responsabilidad y disciplina” para los individuos. Nunca hablan de “sumisión, responsabilidad y disciplina” para las sesiones[7] de la iglesia. Nunca hay una palabra en todos sus escritos y predicaciones de cuáles son las obligaciones de las sesiones de la iglesia, y por lo tanto de cuáles son los castigos para las sesiones de la iglesia cuando no cumplen con sus obligaciones. Uno de mis ancianos en el pasado, involucrado en plantar una iglesia con otros ancianos, tuvo que sentarse en una reunión a escuchar una charla sobre los diferentes niveles de gobierno -familia, iglesia y estado- acerca de sus derechos y responsabilidades, y acerca de los principios bíblicos de control mutuo entre estos niveles de gobierno: Por ejemplo, lo que la iglesia puede decir al gobierno en términos de corrección, de la familia, etc. En algún momento de la discusión, preguntó: “¿No nos falta un nivel de gobierno, el más importante? ¿Qué pasa con el autogobierno, sus responsabilidades y sus derechos para corregir y disciplinar a los otros gobiernos? ” La “sesión” se quedó en silencio por un momento, luego ignoró sus palabras, y continuó como si no hubiera dicho nada. Ojalá fuera sólo una sesión de la iglesia, pero no lo es. No hay un solo Libro de Orden de la Iglesia en ninguna iglesia o denominación en los Estados Unidos hoy que reconozca los derechos y responsabilidades del auto-gobierno, y le permita cierto poder y privilegios sobre el gobierno de la iglesia. El autogobierno no existe; O, si existe, es sólo pro-forma, en la forma de “sumisión” a la “iglesia local”. Usted tiene que someterse a la iglesia local, de lo contrario no tiene “autogobierno”. La pregunta es, por supuesto, “¿Someter a qué? ¿Qué vas a pedirme que haga?” Pero esa respuesta se deja convenientemente vaga en los libros de los modernos eclesiócratas.

Bajo estas mitologías modernas, nunca hay una cuestión de responsabilidad o disciplina para la sesión local. ¿A quién rinde cuentas Jeff Durbin? ¿Sólo a su sesión que consiste en sus amigos más cercanos elegidos a mano? Si esto es “rendir cuentas”, entonces cualquiera puede reclamar “rendir cuentas” a sus amigos. ¿Quién puede excomulgar a Jeff Durbin y su sesión si cometen injusticia como sesión? ¿Se incluye tal rendición de cuentas de su sesión en la constitución de su iglesia? ¿Dice quién puede excomulgar la sesión si comete injusticia?

En la década de 1980, policías del equipo SWAT de LAPD torturaron a los activistas de la Operación Rescate en las calles de Los Ángeles. También patearon a una madre embarazada hasta que su bebé no nacido murió. Los policías estaban dirigidos por Bob Vernon, quien también era un anciano en la iglesia de John MacArthur. Vernon tenía el apoyo total de su “líderes de la iglesia local”, y más tarde, John MacArthur tuvo un servicio en honor a los mismos policías que habían brutalizado a otros cristianos y habían asesinado a un bebé nonato. Ningún arrepentimiento salió de los ancianos de la iglesia de Vernon o de MacArthur, ni siquiera una disculpa formal. ¿Quién considera a MacArthur responsable de apoyar este asesinato? ¿Quién puede llevar a MacArthur a un tribunal y excomulgarlo si es hallado culpable? Y Jeff Durbin llama a MacArthur un “héroe de la fe”. ¿Significa eso que un día, si por una razón u otra la asamblea de la iglesia de Apología comete el mismo crimen, no habrá rendición de cuentas para ellos?

Sí, eso es lo que significa. Ese es el propósito mismo de las mitologías modernas de “sumisión”, “rendición de cuentas” y “disciplina de la iglesia”: Es robar a los individuos cristianos su libertad cristiana y establecer el poder de las élites eclesiásticas sobre la conciencia individual de sus miembros. Es liberar a las celebridades eclesiásticas de nuestra época de toda responsabilidad y hacerlas entonces invulnerables a toda disciplina. Como señalé en mi artículo sobre “El Presbiterianismo Moderno y la Destrucción del Principio de Pluralidad de Ancianos”, no importa qué decisión tome una asamblea de la iglesia, no hay castigo, ni responsabilidad, ni disciplina. Mientras un anciano no ande “rebelde”, es decir, no vaya en contra del colectivo de otros ancianos, él puede cometer cualquier tipo de injusticia en convenio con otros ancianos, y salirse con la suya. Y esto no se limita al presbiterianismo. Se aplica a cada sesión de cada iglesia o denominación en los Estados Unidos.

La única solución posible a este problema de la falta de rendición de cuentas y disciplina para las celebridades y elites de las iglesias es cuando las personas comienzan a abandonar sus iglesias, dándose cuenta de la corrupción de los llamados “ancianos” y sus llamadas “sesiones”. Puesto que no hay rendición de cuentas para los mismos líderes que exigen rendición de cuentas, y puesto que no hay disciplina para las mismas personas que pretenden hacer cumplir la disciplina, entonces aquellos miembros individuales de sus rebaños que quieren permanecer fieles a Cristo y a Su Iglesia verdadera -no a las falsas iglesias de hoy en día-tienen sólo un recurso: salir de allí. Y también, tomar su dinero con ellos y dejar de apoyar a los líderes falsos de hoy. Y tal vez hasta lleven su dinero a los verdaderos profetas y a los maestros de Dios, que no se han arrodillado a Baal. Como el hombre de Baal-Shalisha (literalmente, el Señor de la Trinidad) en 2 Reyes 4:42, que, en lugar de traer el pan de sus primeros frutos al Templo, según ordenaba la Ley (Éxodo 23:19), lo trajo a Eliseo, el Profeta de Dios. Y Eliseo no lo devolvió al Templo, sino que usó el pan para hacer uno de sus milagros; un poco de pan multiplicado para una multitud de gente. Aparentemente, Dios estaba muy complacido de que el hombre no obedeciera Su Ley en el detalle ceremonial, pero lo obedeció en su espíritu. Y si el Templo que fue establecido personalmente por Dios no merecía los primeros frutos, ¿Por qué nuestras modernas “iglesias locales” que han demostrado ser falsas e inútiles, merecen algo mejor?

Y aquí es donde la doctrina del mandato de “membresía de la iglesia local” desempeña su papel más importante: no para asegurar la rendición de cuentas y la disciplina, absolutamente. Pero sí para asegurar la lealtad de los cristianos individuales. Porque, ya sabes, a menos que seas un “miembro” y le des tu diezmo a una “iglesia”, sin exigir que rindan cuentas, no eres un verdadero cristiano. Y si te atreves a hacerlos responsables, no te olvides que eres un miembro, que has hecho un pacto de sumisión, y que pueden “excomulgarte”, mientras que tú no tienes recurso contra ellos. No tiene nada que ver con la disciplina real y con una verdadera responsabilidad. La doctrina se crea específicamente para proteger a las élites. Como R.J. Rushdoony dijo, comentando sobre la iglesia local[8]: “La actitud del hombre moderno es que el estatus o posición es una licencia para la irresponsabilidad”. Esa actitud se ha venido a codificarse en las mitologías de “sumisión”, “rendición de cuentas” y “disciplina de la iglesia”.

Y es por eso que la iglesia ha estado en este triste estado durante los últimos 100 años.

3       La sumisión a los burócratas de la iglesia no está en la Biblia

La mitología de la “sumisión a los ancianos” necesita una sección especial en este artículo, dado que se ha convertido en la principal objeción a la visión universal de la iglesia codificada en las Confesiones. Es uno de estos mantras de la iglesia moderna que han sido ingenuamente aceptados como verdad de manera predeterminada por millones de cristianos sin verificar con su Biblia como verdaderos Bereanos, para ver si la Biblia realmente apoya tal concepto.

Ojalá pudiera incluir una sección con un análisis epistemológico de esta teoría del poder y la sumisión al poder; pero esto hará que este artículo sea un poco demasiado largo. Tal vez lo haré en un futuro artículo donde hablaré de teorías similares que apoyan los diferentes tipos de colectivismos que levantan sus cabezas en la Iglesia hoy: establishmentarianismo[9], patriarcalismo, high-churchism[10], etc. Baste decir aquí que tal teoría del poder y la sumisión no se basa en la Biblia y no está respaldada por la cosmovisión de pacto de la Biblia. Se basa más bien en la teoría de la “ley natural”. Es bajo la teoría de la “ley natural” que “naturalmente” existe poder, y que debe ser necesariamente ejercido, o de lo contrario será un desperdicio. Se supone que una persona en el poder usa activamente su poder para forzar a otros a hacer el bien, no dejándolos estar pasivamente y sólo usando el poder para evitar que hagan el mal. El padre en la familia (como la persona más poderosa en la familia), el gobernante en el gobierno civil (como la persona más poderosa en un territorio geográfico), la asamblea de ancianos en la iglesia (como aquellos que ejercen el poder de las decisiones finales en la iglesia) estarían desperdiciando el poder que se les da si no lo usan para hacer que los individuos sigan su agenda. Por lo tanto, los individuos serían “falta de respeto a la autoridad” si dependen de su propio juicio individual y madurez, si siguen su propia agenda y visión y misión. Especialmente si esa agenda individual y visión y misión no es aprobada por los poderosos del día. O, con licencia o permitida por ellos. Esto, una vez más, se dejará para un futuro artículo. Por ahora, basta recordar que el estatismo moderno no apareció de la nada. Fue modelado según el colectivismo moderno de la iglesia, por la misma doctrina de la “sumisión a los ancianos” que es tan popular hoy en día en nuestras iglesias.

La doctrina bíblica del poder y la sumisión es exactamente lo contrario a la de la “ley natural”. La Ley de Dios limita claramente el alcance de todo el poder en la sociedad y deja el mayor poder al autogobierno. El Nuevo Testamento apoya este “individualismo tosco” de la Ley al declarar que “la cabeza de cada hombre es Cristo” (1 Co. 11: 3). No es su pastor o ancianos, ni su gobierno civil. Además de eso, Jesús declaró específicamente que, en Su Reino, el orden pagano de la jerarquía -desde el poderoso al débil- se da vuelta, y son los que sirven quienes son la autoridad verdadera, no los del poder:

Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor. Pero él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores; mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve. Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve. (Lucas 22:24-27)

En el Reino de Dios, el poder legal, físico, intelectual, gubernamental o eclesiástico no es la base de la autoridad. De hecho, lo contrario es cierto: cuanto menos un hombre usa su poder para dominar a otras personas y cuanto más lo usa para servir (como el que sirve en la mesa), mayor es su autoridad. Este sistema invertido de poder versus autoridad es aparentemente muy importante, dado que Jesús repite el mismo principio varias veces (véase, por ejemplo, Mateo 20: 25-28; 23:11; Marcos 9: 35-37; 10:42 -45, Lucas 9: 46-48, etc.). Aún más que eso, cuanto más poder se le da al hombre, mayor responsabilidad y se le exigirá con más fuerza rendir cuentas y peor serán los castigos en el caso de que cometa una transgresión (Lucas 12:48). A los hombres que se les concede más poder en la iglesia -o en cualquier sociedad- no se les debe también rendir sumisión alguna, pues esto conducirá a un orden pagano. Al contrario, deben ser sujetos a los más estrictos estándares, bajo severo control, constantemente supervisados, e inmediatamente castigados y despedidos en caso de transgresión. Sólo en un orden social pagano se da la sumisión a los hombres en el poder. En una sociedad de pacto, la sumisión se da sólo a los siervos. A los siervos se les da toda la libertad que necesitan para trabajar y servir. A los hombres poderosos se los mantiene a raya y, en el momento que traspasan los límites, se va contra ellos y se les castiga.

Por lo tanto, en contra de todas las mitologías modernas de algún “mandamiento bíblico” de someterse a los ancianos en el sentido de los burócratas de la iglesia, la Biblia no contiene tal mandato. Ciertamente contiene mandamientos para someterse a la autoridad, pero, siguiendo la declaración de Jesús citada anteriormente, esa autoridad no tiene nada que ver con el poder o las estructuras legales en las iglesias.

Para comenzar, el único versículo que específicamente dice “sométase a sus ancianos” en la traducción al español, claramente no tiene “ancianos” como “líderes de la iglesia”:

Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos… (1 Pe. 5:5)

El significado claro de la palabra “ancianos” es el significado original y directo: “hombres mayores” (ése es el significado de la palabra presbus en griego). El contrapunto entre los viejos (presbuteros) y los jóvenes (neoteros) es el mismo que en 1 Tim. 5: 1: ” No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos”. La objeción aquí puede ser que Pedro tal vez tenía en mente a los ancianos de la iglesia, dado que el contexto en los cuatro primeros versículos de 1 Pedro 5 indica a los hombres en el oficio formal. Sin embargo, este oficio formal tiene que ser asumido a priori antes de ser leído en estos versículos. E incluso entonces, no está claro por qué sólo los más jóvenes son amonestados a obedecer. ¿No se les manda obedecer a los mayores que no tienen el cargo de ancianos?

La interpretación más bíblica de la palabra “ancianos” en las palabras de Pedro no es “administradores de iglesia” sino “hombres de autoridad”, sin importar si estos hombres tenían algún poder legal oficial en la iglesia o no. La misma palabra griega de “ser sujeto” (hupotasso) se aplica en otros lugares para diferentes circunstancias, pero una importante con respecto a la “sujeción” es 1 Cor. 16:16 donde Pablo ordena a la iglesia de Corinto “estar sujetos a tales”, y del versículo anterior los “tales” son la “casa de Estéfanas”. Obviamente, toda la “casa” no puede ser un grupo de administradores de la iglesia, ya que la palabra incluye también a las mujeres en el hogar (y, si usted es un paedobaptista, también a los niños). La posición especial de autoridad de la casa de Estéfanas fue que “fueron los primeros frutos de Acaya y se han dedicado a ministrar a los santos”. Su autoridad de “ancianos” -por su mayor antigüedad en la fe que cualquier otro en esa iglesia- no tenía nada que ver con su posición de poder legal, sino con su servicio. Es decir, tal como Jesús dijo que debería ser: es a los siervos que debemos someternos, no los gobernantes.

El mismo enfoque de sumisión a los que sirven está en Hebreos 13:17: “Obedeced a vuestros líderes y someteos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas como los que darán cuenta”. Una vez más, la suposición de que los “líderes” aquí son “burócratas de la iglesia” es injustificada. La descripción cabría a cualquier persona en una posición de enseñanza, de influencia y de autoridad, si son burócratas de iglesia o no. De hecho, excluiría a los “ancianos de la iglesia” modernos que no pueden demostrar ser responsables del alma de nadie. No merecen obediencia y sumisión alguna, sin importar su título oficial en la iglesia.

Este punto se enfatiza aún más en 1 Tim. 5:17:

Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar.

Esta es la declaración más cercana en la Biblia de obediencia -o, más bien, “doble honor” – a los oficiales de la iglesia, porque la designación de anciano está claramente relacionada con la palabra “gobernar”. Y, sin embargo, incluso aquí, el “doble honor” es sólo condicional: “los ancianos que gobiernan bien”. Si asumimos que el versículo habla de administradores u oficiales de la iglesia, la pregunta que debemos hacer es: ¿Quién decide qué ancianos gobiernan bien y cuáles no? Si usted le pregunta a los propios burócratas de la iglesia, todos dirán que gobiernan bien. Ya sabemos cuál es el estándar para el buen gobernante: el servicio. Pero, ¿quién o qué institución decide si un anciano realmente cumple con ese estándar?

Para responder a esta pregunta, debemos levantar del olvido una de las doctrinas más importantes y aún más olvidadas de la Reforma, una doctrina que en siglos pasados fue entendida como la marca del protestantismo por cada teólogo reformado, y sin embargo hoy no es mencionada por ninguna celebridad supuestamente “Reformada”, y en los pocos lugares donde se menciona, es sólo para ser rechazada, calumniada y ridiculizada: la doctrina del derecho y el deber del juicio privado.

4       El sacerdocio de todos los creyentes y el derecho y el deber del juicio privado.

Lo que le falta a las mitologías de los eclesiócratas modernos es una de las doctrinas fundacionales de la Reforma, a saber, el sacerdocio de todo creyente. No es que las modernas celebridades “Reformadas” no mencionen esa doctrina. Pero la forma en que la enseñan es muy diferente de lo que los reformadores entendían de ella.

Se puede presentar una serie de ejemplos del significado moderno y retorcido de esta doctrina, pero este artículo de Ligonier sería un buen ejemplo, con una sucinta presentación: “Un sacerdocio real en Cristo”[11] Parte del Antiguo Testamento para dar el significado de nuestro sacerdocio. El artículo termina con el siguiente resumen:

En Cristo, hay un verdadero sacerdocio de todos los creyentes. Todos los que confiamos en Jesús solo para la salvación tenemos libre acceso a Su presencia, y todas nuestras vocaciones legítimas están separadas para un verdadero servicio que honra a Dios.

Observe que el “sacerdocio” se limita: a nuestro acceso a Dios y a nuestra salvación. Es decir, nuestro sacerdocio se limita a nuestra posición pasiva delante de Dios. Y tal vez nuestra rutina diaria de trabajo, también. Esto está totalmente de acuerdo con las mitologías modernas de “sumisión”, como hemos discutido anteriormente. Hagamos lo que hagamos, como individuos y sacerdotes, no tenemos ninguna autoridad más allá de nuestra propia vida personal y salvación. Todo lo que nuestro “sacerdocio” cuenta es para nuestra salvación. Nada más.

Pero el autor de este artículo de Ligonier está equivocado: esta no es la función del sacerdocio en el Antiguo Testamento, y esto no es ciertamente lo que los reformadores tenían en mente cuando proclamaron el sacerdocio de todo creyente. Un sacerdote no era simplemente uno que fue salvado personalmente por tener acceso directo a Dios. Tal idea de un sacerdote personalmente salvado puede ser una buena idea pagana, pero ciertamente no es una idea bíblica. El concepto de sacerdocio era un concepto de servicio mediador, de autoridad judicial en nombre de Dios y basado en Su Ley. No era el acceso directo a Dios el que definía a un sacerdote; de hecho, sólo un sacerdote entraba al lugar Santísimo una vez al año (si alguien tiene acceso directo a Dios todo el tiempo, parecen ser los profetas, no los sacerdotes). La gente fue salvada sin ser sacerdotes, directamente por Dios. La gente podía ofrecer a Dios sin un sacerdote, o podía hacer su ofrenda a los no-sacerdotes (2 Reyes 4:42). Los no sacerdotes podían entrar en el Templo y comer del pan que era sólo para los sacerdotes. Pero la función de los sacerdotes era leer la Ley e interpretarla a otras personas. No fue su condición ante Dios lo que los definió como sacerdotes. Era su función para el mundo fuera del Templo e incluso fuera de la comunidad del pacto que los definía como sacerdotes. Se suponía que debían leer la Palabra, y juzgar todo basado en su comprensión de la Palabra. Sí, juzga incluso a la iglesia y a los otros sacerdotes de la comunidad del pacto.

Así llegamos a una de las más desconcertantes de todas las paradojas del protestantismo moderno: La completa desaparición de la doctrina del derecho y el deber del juicio privado desde nuestros modernos púlpitos.

Esto era parte de la idea de Lutero del sacerdocio de todos los creyentes: Que todo creyente tiene derecho a su juicio privado en cuanto a lo que dice la Palabra de Dios, y está obligado a ejercer su juicio privado en relación con lo que diga la iglesia o las autoridades civiles. Cualquier sumisión a cualquier tipo de autoridad debe partir de la conciencia personal del individuo y, por lo tanto, de su juicio privado. La idea de Lutero tenía más que decir; y era que el sacerdocio de todos los creyentes llegó a ser una norma en la que cualquier cristiano tiene el mandato de predicar la Palabra de Dios a cualquier autoridad y a cualquier audiencia, con o sin el permiso de los obispos o papas.[12] La sumisión a las autoridades, según Lutero, debía ser condicional, y la condición era que cualquier autoridad que hablara debía primero ser juzgada por el individuo basado en su entendimiento de la Biblia.

El juicio privado fue incluido específicamente en las confesiones reformadas de fe como una de las fuentes legítimas de conocimiento, en el mismo nivel que los consejos de la iglesia, y en necesidad de ser juzgado por la Palabra de Dios, así como las opiniones de los consejos de la iglesia:

El juez supremo, por quien deben decidirse todas las controversias religiosas, y todos los decretos de concilios, opiniones de antiguos autores, y doctrinas de hombres y espíritus individuales deben ser examinados, y en cuya sentencia debemos descansar, no es otro que el Espíritu Santo, que habla en la Escritura. (CFW 1:10)

Fue sobre esta base y sobre la base de sus luchas contra el episcopado que los primeros presbiterianos en Escocia y los puritanos y otros disidentes en Inglaterra desarrollaron el concepto de juicio privado como una aplicación del sacerdocio de todos los creyentes a la posición de una doctrina fundamental de la fe reformada. Hoy en día, entre pequeñas sectas modernas que se imaginan ser herederas espirituales de los covenanters escoceses, está de moda criticar el juicio privado y exaltar las decisiones colectivas de los “concilios” eclesiásticos como si fueran la última vez que el Espíritu Santo habló (Similar a los romanistas después del Concilio de Trento). Pero la verdad es que los covenanters originales confiaron en el juicio privado mucho más que cualquiera de los modernos teólogos supuestamente “reformados”. Nada menos que una autoridad como George Gillespie declaró la importancia del juicio privado:

El juicio subordinado, que yo llamo privado, es el juicio de discreción por el cual todo cristiano, por la cierta información de su propia mente, y la satisfacción de su propia conciencia, puede y debe tratar de examinar, tanto los decretos de los concilios como la doctrina de los pastores particulares, y en la medida de recibir y creer lo mismo, como él los entiende para estar de acuerdo con las Escrituras (George Gillespie, Una Disputa Contra las Ceremonias Papales Inglesas).

Gillespie era consistente y no cambió de opinión cuando se trató del presbiterianismo, sino que incluso negó el derecho de un gobierno presbiteriano a descartar el juicio privado:

Los prelados no permitían a los hombres examinar, por el juicio de los cristianos y la discreción privada, sus decretos y cánones, para buscar en las Escrituras y mirar las órdenes, pero habría necesidad de que los hombres creyeran lo suficiente como para saber las cosas que se les ordenó por los que están en lugares de poder. El gobierno presbiteriano no domina sobre las conciencias de los hombres, sino admite (sí, manda) la búsqueda de las Escrituras, si estas cosas que presenta no son así, y no presiona la conciencia de los hombres con sic volo, sic jubeo[13], sino que desean que ellos hagan con fe lo que hacen[14]

Anteriormente en ese mismo libro, Gillespie sostiene que cuando una iglesia no está haciendo su trabajo de iglesia, los cristianos individuales tienen el derecho de salir, no tienen obligación de obedecer a la iglesia y que incluso tienen derecho a hablarle con el mismo espíritu que los profetas, citando a Calvino a este respecto:

Ellos, por lo tanto, dan su voluntad por ley y su autoridad por razón y responden a todos los argumentos de sus oponentes, llevando con la fuerza de la constitución pública y el juicio de los superiores a los cuales deben ser conformados, gobernando el rebaño del Señor “con fuerza y con crueldad” (Ezequiel 34: 4); como “señores sobre la herencia de Dios” (1 Pedro 5: 3). Puesto que los hombres no nos dan permiso para probar sus decretos y constituciones, para que no nos aferremos más a lo que es bueno, gracias a Dios, siempre tenemos un orden para hacerlo (sin el permiso de los hombres) de su propia palabra (1 Tes 5:21) . . . “Si sentimos que con razón se nos priva de la facultad de cuestionamiento, debe ser indicado por el mismo espíritu que habla a través de sus profetas” dijo Calvino. No llamaremos a ningún hombre rabí ni “jurare in verba magistri[15], ni seremos discípulos pitagóricos de la iglesia misma, pero nosotros le creeremos y la obedeceremos sólo si ella es el pilar y el fundamento de la verdad.[16]

Aparentemente, los Covenanters originales eran mucho más bíblicos que los presbiterianos modernos, y que Jeff Durbin, estando dispuesto a escuchar a los profetas fuera de la iglesia, y a hablar a la iglesia como profetas fuera de ella, con el mismo Espíritu que movió a los profetas.

Francis Turretin llegó a decir que los individuos guiados por el Espíritu Santo eran más capaces de descubrir el significado de la Escritura:

Antes bien sostenemos que solamente los creyentes privados dotados con el Espíritu Santo están obligados a examinar según la Palabra de Dios, lo que sea propuesto para su creencia o práctica por los gobernantes de la iglesia, tanto como por individuos por separado como por muchos congregados en un sínodo. También deben creer que, por la guía del Espíritu, por las pías oraciones y el estudio diligente de las Escrituras, pueden descubrir mejor el significado de la Escritura en las cosas necesarias para la salvación que los sínodos enteros que se alejan de la Palabra de Dios y que una sociedad que reclama para sí misma (pero falsamente) el nombre de la iglesia verdadera.[17]

Esto formaba parte de su “indispensable” oficio como sacerdotes y tenía la intención de protegerlos contra la tiranía de la iglesia y la esclavitud:

Por lo tanto, esto no puede considerarse temeridad ni orgullo que pertenezca a la ejecución de una función indispensable impuesta a todos los creyentes. Ni con el pretexto de evitar el orgullo, los creyentes deben cegarse y despojarse de su derecho para que sus conciencias, mediante una obediencia ciega, se reduzcan a la esclavitud.[18]

La conclusión de Turretin es que los cristianos individuales no deben a nadie obediencia en los asuntos de conciencia, porque tal obediencia pondría sus almas en peligro:

Pero en asuntos de conciencia que se refieren a la fe, a la piedad y a la adoración de Dios, nadie puede usurpar el dominio sobre la conciencia. Ni estamos obligados a obedecer a nadie, porque de lo contrario estaríamos obligados al error y a la impiedad y así incurriríamos en un castigo eterno y nuestras conciencias estarían manchadas con vicios sin criminalidad debido a que estaríamos obligados a obedecer a los superiores absolutamente.[19]

Pero estos eran presbiterianos. ¿Qué pasa con los bautistas reformados, como Charles Spurgeon? Inglaterra nunca ha tenido un defensor más fuerte del juicio privado contra toda autoridad humana que el Príncipe de los Predicadores. Los ejemplos de sus sermones son demasiados para enumerar, así que tendremos que limitarlos. El más claro de todos está en su sermón de Lucas 12: 54-57, donde identifica el juicio privado y la resistencia contra la autoridad con “masculinidad de espíritu”:

Él los obliga a usar su sentido común, y no se someten a ser engañados por sus líderes. Él preguntó: “¿No juzgáis vosotros mismos qué es lo correcto?” ¿Por qué vosotros os inclináis ante los escribas y fariseos de modo que puedan pasar por sobre vosotros? Pensad y juzgad por vosotros como hombres. El Señor, aquí, declara el deber del juicio privado y exhorta al pueblo a usarlo, instándolos a no rendir más obediencia servil a los mandatos de sus líderes falsos, sino a usar su propia inteligencia y conocimiento como lo harían con los asuntos ordinarios, e incluso de sí mismos juzgar lo que era correcto. El pueblo necesitaba despertar del sueño espiritual. Necesitaban ser exhortados a la virilidad del espíritu, pues habían entregado sus juicios a sus líderes ciegos, de modo que los signos más notorios de la época no fueron percibidos por ellos.

Obviamente, la insistencia de Jeff Durbin en que la gente se someta al “cuidado de los pastores” conduciría a la “falta de masculinidad” del espíritu. Uno no crea hombres verdaderos haciéndolos dependientes en el cuidado de alguien. La virilidad es producida por la madurez, y la madurez es producida por la habilidad de un hombre para lidiar solo con los desafíos, con el Dios invisible, contra todas las probabilidades visibles. El llamamiento de Jeff para que todos encuentren un “espacio seguro” bajo los líderes, que no son probados como legítimos, no maduran, solo creará hombres inmaduros. Tenemos muchos de esos hombres inmaduros. Necesitamos la virilidad de Spurgeon. Para ello necesitamos juicio privado para resistir toda autoridad humana. Sí, incluso la de la iglesia de Jeff.

El “derecho y el deber del juicio privado” era una doctrina tan querida para Spurgeon que estaba dispuesto a romper sus lazos con sus hermanos bautistas como una de las más importantes doctrinas del protestantismo. En 1888, ofreció su renuncia como miembro de la Unión Bautista de Gran Bretaña e Irlanda. Su insatisfacción con la Unión fue que permitió la membresía a personas que estaban cuestionando o rechazando las doctrinas bíblicas básicas. Una delegación de la Unión fue rápidamente enviada a Spurgeon. Su respuesta a la delegación fue que la Unión necesitaba tener una “base simple de las verdades bíblicas. Éstas se describen generalmente como doctrinas evangélicas.” Él entonces dio a la delegación la lista siguiente de esas doctrinas evangélicas (observe el orden en el cual fueron dadas):

  1. La divina inspiración, autoridad y eficiencia de las Sagradas Escrituras.
  2. El derecho y el deber del juicio privado en la interpretación de las Sagradas Escrituras.
  3. La Unidad de la Deidad, y la Trinidad de Personas en ella.
  4. La depravación absoluta de la naturaleza humana como consecuencia de la caída.
  5. La encarnación del Hijo de Dios. Su obra de expiación por los pecadores de la humanidad, y Su intercesión mediática y su reinado.
  6. La justificación del pecador sólo por la fe.
  7. La obra del Espíritu Santo en la conversión y santificación del pecador.
  8. La inmortalidad del alma, la resurrección del cuerpo, el juicio del mundo por nuestro Señor Jesucristo, con la bendición eterna de los justos y el castigo eterno de los impíos.
  9. La institución divina del ministerio cristiano, y la obligación y perpetuidad de las ordenanzas del bautismo y de la cena del Señor.[20]

Estas fueron las prioridades doctrinales del Príncipe de los Predicadores. El derecho al juicio privado está en segundo lugar, después de la importancia de las Sagradas Escrituras, antes que todo lo demás. Después de todo, era un buen calvinista, y como Calvino en sus Institutos, comenzó sus prioridades desde el conocimiento de Dios, que sólo podía provenir de la Escritura a través del juicio privado en la interpretación. La institución divina del ministerio cristiano es la última. ¿Qué pasa con el requisito confesional Bautista para la “membresía de la iglesia local”? No está en ninguna parte de la lista.

Regresando al campo presbiteriano, Charles Hodge, de quien hablamos arriba, también hace del juicio privado la marca de la fe protestante, y la relaciona con la centralidad y perspicacia de la Escritura. Tiene una sección especial sobre el “Juicio Privado” en su Teología Sistemática. Esto es lo que uno de los más grandes teólogos de la historia del presbiterianismo tiene que decir sobre este tema:

Lo que los protestantes niegan sobre este tema es que Cristo ha designado a cualquier oficial o clase de oficiales en su Iglesia a cuya interpretación de las Escrituras el pueblo está obligado a someterse como de autoridad final. Lo que afirman es que Él ha obligado a cada hombre a buscar las Escrituras por sí mismo, y determinar por su propia prudencia lo que ellas le exigen que crea y haga.[21]

Repitiendo la declaración de Turretin sobre el peligro de obedecer a los hombres en asuntos de fe y conciencia, Hodge continúa:

Cada hombre es responsable de su fe religiosa y de su conducta moral. No puede transferir esa responsabilidad a otros; Ni otros pueden asumirlo en su lugar. Él debe responder por sí mismo; Y si debe responder por sí mismo, debe juzgar por sí mismo. No le servirá en el día del juicio decir que sus padres o su Iglesia le enseñaron mal. Debería haber escuchado a Dios y haberle obedecido más que a los hombres.[22]

Más adelante hablaremos del verdadero significado de la disciplina eclesiástica, y que en la Biblia, contrariamente a nuestras prácticas modernas, no tiene absolutamente nada que ver con los ancianos de la iglesia. El mismo Hodge hace la observación correcta de que las amonestaciones divinas en la Biblia siempre están dirigidas al pueblo en general, no a sus ancianos. El pueblo no necesita que nadie se interponga entre ellos y Dios para entender la Escritura:

Las Escrituras están en todas partes dirigidas al pueblo, y no a los oficiales de la Iglesia, exclusivamente o especialmente. Los profetas fueron enviados al pueblo, y constantemente dijeron: “Oye, Israel”, “Escuchad, oh pueblo”. Así, también, los discursos de Cristo fueron dirigidos al pueblo, y el pueblo lo oyó con mucho gusto. Todas las epístolas del Nuevo Testamento están dirigidas a la congregación, “a los llamados por Jesucristo”, “a los amados de Dios”, “a los llamados a ser santos”, a los santificados en Cristo Jesús”, “Todos los que invocan el nombre de Jesucristo nuestro Señor”, “a los santos que están en (Éfeso) y a los fieles en Jesucristo”, o “a los santos y a los fieles hermanos que están en (Colosas)”, y así en todos los casos. Es a las personas a quienes se dirigen. A ellos se dirigen estas profundas discusiones de la doctrina cristiana, y estas exposiciones comprensivas del deber cristiano. En todas partes se supone que son competentes para entender lo que está escrito, y en todas partes se les exige que crean y obedezcan lo que vino de los inspirados mensajeros de Cristo. No fueron referidos a ninguna otra autoridad de la que fueran a aprender el verdadero significado de estas inspiradas instrucciones. Por lo tanto, no es sólo privar al pueblo de un derecho divino el prohibirle leer e interpretar las Escrituras por sí mismos, sino que también es interponerse entre ellos y Dios, y evitar que oigan Su voz, para que escuchen las palabras de los hombres.[23]

Esto, por supuesto, está de acuerdo con la descripción del Nuevo Pacto en Heb. 8:11 y Jeremías 31:34. Las citas de Charles Hodge a este respecto son tantas que tendremos que limitarlas, pero la última es importante, porque no sólo defiende el derecho al juicio privado, sino que también establece nuestro deber de resistir a cualquier supuesto “ministro” de la iglesia que quiera mandar la sumisión a una autoridad humana:

No hace falta decir que este derecho de juicio privado es la gran salvaguarda de la libertad civil y religiosa.

El principio del derecho y el deber del juicio privado no se limita a los presbiterianos y bautistas; Es común a todos los cristianos reformados. Presentaré en la conclusión de este artículo una cita muy poderosa de Herman Bavinck, un teólogo holandés reformado, pero por ahora, el siguiente ejemplo será de un obispo anglicano reformado, el mismo JC Ryle, recientemente elogiado incluso por John MacArthur en un sermón como una autoridad Reformada (aunque, MacArthur es probablemente ignorante de todas las opiniones y posiciones que J. C. Ryle enseñó). Ryle, un obispo de Liverpool, creía tanto en el juicio privado que incluso tenía un documento específico sobre él, titulado. . . bien . . . “Juicio privado”, por supuesto.

Aquí está cómo J.C. Ryle describe lo que ganó la victoria para la Reforma Protestante:

Había tres grandes doctrinas o principios que ganaron la batalla de la Reforma Protestante. Estos tres fueron:

  1. La suficiencia y supremacía de la Sagrada Escritura,
  2. El derecho al juicio privado, y
  3. Justificación por la fe solamente, sin las obras de la ley.

Todo el artículo es una increíble defensa del derecho, el deber y la necesidad del juicio privado, así que no citaré todo lo que es relevante, pero una línea es importante para nosotros aquí, porque en ella el obispo Ryle llega a la conclusión lógica del concepto de juicio privado, es decir, ¡que un verdadero cristiano tiene el derecho y el deber de estar solo frente a toda la Iglesia cuando sea necesario! Y que las iglesias locales vienen y van, pero un cristiano debe estar en la verdad de Dios, incluso si eso significa estar solo. Sí, es un obispo anglicano diciéndolo:

Las ramas particulares de la Iglesia no son infalibles. Cualquiera de ellas puede errar. Muchas de ellas han caído asquerosamente, o han sido eliminadas. ¿Dónde está la Iglesia de Éfeso en este día? ¿Dónde está la Iglesia de Sardis en la actualidad? ¿Dónde está la iglesia de San Agustín de Hipona en África? ¿Dónde está la Iglesia de Cartago de Cipriano? ¡Todas se han ido! ¡No queda un vestigio de ninguna de ellas! ¿Nos contentaremos con el error, simplemente porque la Iglesia se equivoca? ¿Será nuestra compañía alguna excusa para nuestro error? ¿Estará nuestro errar en compañía de la Iglesia nuestra responsabilidad por nuestras propias almas? ¡Ciertamente es mil veces mejor para un hombre estar solo y ser salvo – que errar en compañía de la Iglesia, y estar perdido! Es mejor “probar todas las cosas” – e ir al cielo, que decir, “No me atrevo a pensar por mí mismo” – ¡e ir al infierno!

Jeff Durbin debe prestar atención: como ministro bautista, debe ser particularmente alarmante para él que un presbiteriano (Hodge) y un episcopaliano (Ryle) tengan una mejor visión de la libertad cristiana y los derechos y deberes del individuo contra la iglesia. Esta es una muy buena señal de que en su eclesiología no ha sido reformado, sino que ha ido más al lado de Roma y su eclesiología, haciéndose un pequeño papa. Por supuesto, puede estar escuchando a otros predicadores bautistas a quienes él respeta y estima, pero esto puede resultar ser una confianza peligrosa. Muchos ministros bautistas en América hoy en día no son nada más que papistas prácticos en su visión de sus propias congregaciones.

A esta lista de teólogos Reformados que tenían el derecho y el deber del juicio privado de ser la marca distinguida de la Reforma podemos añadir otros teólogos como Heinrich Bullinger, Melanchton, A.A. Hodge, John Owen, James Henley Thornwell, Robert Dabney, Richard Baxter y muchos otros. Obviamente, la doctrina del juicio privado fue considerada como una de las doctrinas más importantes de la Reforma y en la historia de la Teología Reformada, sin importar qué parte o grupo de la familia Reformada elija. De hecho, así comenzó la Reforma, con la firme afirmación de Lutero sobre su derecho y su deber de un juicio privado ante un tribunal de la élite política y religiosa de la época:

A menos que me convenza con el testimonio de las Sagradas Escrituras o por razones evidentes -porque no puedo creer ni al papa ni los concilios solos, como es evidente que se han equivocado repetidamente y se contradicen- me considero convicto al testimonio de la Sagrada Escritura, la cual es mi base. Mi conciencia está cautiva a la Palabra de Dios. Así no puedo ni quiero retractarme, porque actuar contra la conciencia no es ni seguro ni sano. Dios ayúdame. Amén.

Y por esta razón, lo primero que hizo después de la Dieta de Worms no fue establecer una nueva jerarquía eclesiástica, sino traducir la Biblia al lenguaje del pueblo, para que el pueblo pudiera ejercer su derecho y su deber de juicio privado.

Para hacerlo simple: sin el derecho y el deber al juicio privado, no hay Reforma, y estamos de vuelta al Papismo.

¿No es extraño, entonces, que las modernas celebridades “Reformadas” nunca mencionen esta doctrina, y muy pocos de los modernos “Reformados” cristianos aún conocen la doctrina y su importancia para la Reforma? John MacArthur ha tenido más de 30 años de predicaciones, y una búsqueda en su nombre y “juicio privado” no da ningún resultado. Lo mismo se aplica a Albert Mohler. Lo mismo se aplica a John Piper. Lo mismo se aplica a Michael Horton. Lo mismo se aplica a R. Scott Clark, y todos los otros nombres en Westminster West. Lo mismo se aplica a RC Sproul. Lo mismo se aplica a una serie de otras celebridades reformadas modernas. No sigo el programa de Jeff Durbin y no puedo encontrar ninguna base de datos de temas, pero cuando le pregunté a la gente que lo sigue, no pudieron recordar que hablara alguna vez sobre el tema del juicio privado. Nunca he oído un sermón sobre el juicio privado en cualquier iglesia “Reformada” a la que he estado. Ninguno de mis amigos puede recordar tal sermón o conferencia nunca, ni en la iglesia ni en ningún seminario. He tenido personas que han sido presbiterianos durante toda su vida y han pasado por cientos y miles de sermones y conferencias, y cuando menciono el “juicio privado”, todos están en contra. Y se sorprenden profundamente cuando les digo que en realidad fue una de las doctrinas más importantes de la Reforma.

(En una nota lateral, si seguimos la declaración de Spurgeon de que ejercer el juicio privado es “virilidad de espíritu”, tal vez tengamos una explicación de por qué la iglesia moderna en Estados Unidos es tan afeminada y desprovista de virilidad.)

Cualquier lector concienzudo debe estar profundamente alarmado por ahora. ¿Cómo es que una doctrina que hace apenas 100 años fue considerada una de las piedras angulares de la Reforma y del protestantismo, hoy está tan bien olvidada y nunca mencionada por los mismos maestros que deberían habernos enseñado al respecto? ¿Qué tipo de “teología reformada” nos han enseñado? Con tantas afirmaciones de renacimiento “calvinista” en las iglesias de hoy, ¿cómo es que la doctrina misma que comenzó la Reforma falta?

La razón debe ser obvia: la doctrina del derecho y el deber del juicio privado no pueden coexistir con las mitologías modernas de la “membresía de la iglesia local” obligatoria y “sumisión a la iglesia local”. Puesto que, según las Confesiones, “las Iglesias más puras bajo el cielo están sujetas tanto al error como a la impureza, y algunas han degenerado de tal manera que han llegado a ser, no Iglesias de Cristo, sino sinagogas de Satanás”[24], entonces la carga recae en el creyente individual, lleno del Espíritu Santo, para juzgar cada palabra y cada enseñanza y toda práctica de cualquier iglesia local, y cualquier pastor o anciano u obispo. No es sólo un derecho que puede ejercitar cuando él decida. Es un deber que debe ejercer siempre, o, según Turretin, “un oficio imprescindible impuesto a todos los creyentes”. Incluso más que eso: El creyente individual debe ejercer ese oficio incluso cuando está solo contra toda la iglesia, y toda la iglesia está claramente en error, como Pablo hizo en Antioquía (Gálatas 2). Sin este deber del creyente individual, no hay Reforma.

Sin embargo, cuando el creyente individual está vinculado por un pacto especial a la “membresía” y la “sumisión” a un cuerpo local -incluso si se encuentra entre las “iglesias más puras bajo el cielo- este derecho y deber de juicio privado está comprometido. Sí, sí, lo sé, los eclesiócratas modernos usan la excusa de que tal sumisión no es absoluta. Lo que no dicen, sin embargo, es que bajo los términos de la “membresía de la iglesia local” su poder de declarar la “excomunión” continúa siendo absoluta, y su inmunidad a las sanciones es absoluta. Es decir, el creyente individual no está absolutamente obligado a obedecer lo que dicen los “ancianos”, pero los “ancianos” siguen siendo libres para hacer lo que quieran con él (Al igual que con los impuestos: El pago de impuestos es supuestamente voluntario, pero el gobierno todavía le pondrá en la cárcel y confiscará sus pertenencias si no paga). El único desafío a su poder viene cuando cada vez más personas toman en serio su derecho y su deber de juicio privado, ya que este es el mismo desafío que sacudió a Roma en la Reforma Protestante. Cuando los creyentes individuales tienen el derecho y el deber del juicio privado, entonces todo el concepto de “sumisión a la iglesia local” pierde sentido. La sumisión se debe solamente cuando la iglesia local es fiel a la Palabra de Dios -pero entonces, de nuevo, no hay necesidad de un juramento especial de “membresía” para eso, tal juramento ya ha sido hecho en el bautismo. Al mismo tiempo, cuando la iglesia local va en contra de la Palabra de Dios, entonces lo que se debe no es sumisión sino resistencia y rebelión contra el poder impío de los “ancianos”, y también sanciones contra la sesión hasta la excomunión. Por supuesto, ninguna sesión de la iglesia incluiría tal cláusula en la constitución de su iglesia.

Así que la única solución para los eclesiócratas modernos es olvidarse convenientemente de la marca distintiva de la Reforma Protestante -la doctrina del derecho y el deber del juicio privado- y nunca mencionarlo a sus rebaños. Y en su lugar, volver a una eclesiología papista y cultista que eleva a la élite y la libera de cualquier sanción, mientras somete a los individuos en la iglesia a su poder. En palabras de Rushdoony:

. . . Donde una fuerte doctrina del Espíritu no es operativa y gobernante, una fuerte doctrina de la iglesia la reemplaza, de manera que los controles institucionales y el gobierno reemplacen al Espíritu.[25]

Y a la inversa, para reemplazar al Espíritu con controles institucionales, las élites eclesiásticas necesitan descartar de la iglesia el único camino por el cual el Espíritu siempre ha estado operando en oposición a las élites: A través de las conciencias individuales de los hombres.

Así, cuando John MacArthur se queja de que la gente se traslada de una iglesia a otra, “nunca se somete al cuidado de los ancianos”, acusa a estas personas de “mal entendimiento de la responsabilidad del creyente ante el cuerpo de Cristo”. La verdad es que MacArthur sólo muestra su ignorancia de la enseñanza bíblica y de la teología reformada. Bajo el principio del derecho y el deber del juicio privado, esto es exactamente lo que la gente debe hacer: Escuchando sermones en las iglesias y juzgando a los predicadores según la Palabra de Dios. Lo que MacArthur quiere es estar libre de responsabilidad ante el Espíritu Santo actuando a través del juicio privado de los creyentes individuales. Del mismo modo, cuando Jeff Durbin quiere silenciar a los “profetas del facebook”, no está hablando por Dios, y ciertamente no está hablando como ministro reformado. Todo lo que quiere es estar libre de responsabilidad ante el tribunal de juicio privado, tribunal que fue la característica más distinguida de la Reforma Protestante. En esa declaración, Jeff Durbin no estaba hablando por la Iglesia, y no estaba hablando por el Espíritu Santo. Hablaba por los intereses de la moderna jerarquía corrupta de la iglesia, la cual, tomando prestado las palabras de Tertuliano, “han expulsado al Espíritu Santo de la Iglesia”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Acerca de Bojidar Marinov.

 

Un misionero reformado a su Bulgaria natal por más de 10 años, Bojidar predica y enseña doctrinas de la Reforma y una cosmovisión bíblica comprensiva. Tras fundar los Ministerios de Reforma de Bulgaria en 2001 (Bulgarian Reformation Ministries), él y su equipo han traducido más de 30.000 páginas de literatura cristiana sobre la aplicación de la Ley de Dios en todos los ámbitos de la vida y la sociedad del hombre. Ha sido activo en la formación del movimiento libertario en Bulgaria, un co-fundador de la sociedad búlgara para la libertad individual y su primer presidente. Si desea que Bojidar hable con su iglesia, grupo de homeschool u otra organización, póngase en contacto con él a través de su sitio web: http://www.bulgarianreformation.com/t

5       Apéndice agregado por el traductor

Un sacerdocio real en Cristo[26]

 

Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.” (1 Pe. 2:9,10)

Al considerar el sacerdocio de Aarón / Levítico, es importante recordar que aunque la tribu de Leví fue separada para realizar los sacrificios y llevar la adoración en el tabernáculo y templo, Dios nunca quiso que los descendientes de Levi fueran las únicas figuras sacerdotales en la nación de Israel. De hecho, el Señor originalmente llamó a Su pueblo fuera de la esclavitud en Egipto para que toda la nación lo sirviera como “un reino de sacerdotes y una nación santa” (Éxodo 19: 1-6). La institución sacerdotal en sí era necesaria sólo porque el pecado del pueblo aún no había sido finalmente tratado, y un intermediario fue requerido entre Israel y Dios para que su santidad no rompa y destruya a su pueblo pecador (Amós 5: 6).

Sólo cuando la maldad de Israel hubiera sido finalmente resuelta podría el pueblo de Dios verdaderamente convertirse en esa nación de sacerdotes que no requiere ningún mediador Levítico entre ellos y el Todopoderoso. Habiéndonos santificado y perfeccionado a los ojos de su Padre para siempre por medio de Su ofrenda de Sí mismo (Hebreos 10: 10-14), Cristo Jesús ha hecho a todos los que están en Él el sacerdocio que Dios siempre quiso que Su pueblo fuera. Ya no necesitamos depender de un intermediario que es un pecador como nosotros; Más bien, el Señor se ha convertido en el mediador entre él y los suyos en la persona del Dios-hombre Jesucristo (9:15).

Pedro explica en el pasaje de hoy que somos el sacerdocio real que no necesita a nadie más que a Cristo entre nosotros y el Padre (1 Pedro 2: 9-10). Martín Lutero señaló en su libro Cautiverio Babilónico de la Iglesia que “todos nosotros que somos cristianos somos sacerdotes”, y ningún creyente tiene mayor acceso al Creador que cualquier otro. Pastores y ancianos son designados para enseñar a la iglesia la voluntad de Dios en Su Palabra (1 Timoteo 3: 1-7), pero no nos representan ante el trono celestial como hicieron los sacerdotes levíticos bajo la administración del antiguo pacto. Todos los que confiamos en Jesús solo para la salvación tenemos libre acceso a Su presencia, y todas nuestras vocaciones legítimas están separadas para un verdadero servicio que honra a Dios. El portero que hace su obra al Señor no está en peor posición espiritualmente que el predicador más dotado del planeta, ya que todos los cristianos han sido declarados servidores justos del Dios creador.

Coram Deo

En nuestra justificación, Dios nos ha declarado justos en Cristo a través de Su sangre. En nuestra santificación, Dios está trabajando para hacernos justos en lo que hacemos, decimos, pensamos y sentimos. Como el santo sacerdocio del Señor, podemos estar seguros de que su obra para santificarnos no es en vano y que a pesar de que a veces nos desalentamos, ciertamente nos transformará en los santos sacerdotes que Él nos ha diseñado para ser.

[1] Traducido por Youseff Derikha, mail: youseffderikha@gmail.com. Visite http://www.christendomrestored.com/blog/2017/01/and-in-one-holy-local-church-the-ghettoization-of-protestantism-2/ para ver el original en inglés.

[2] Bojidar Marinov, “The Tale of the Two Aurelii: The Hero vs. the Real Man.”

[3] Convención Bautista del Sur según sus siglas en inglés. N. del T.

[4] De la palabra gueto. Puede también ser traducido como confinamiento.

[5] See, for example, Edmund W. Robb and Julia Robb, The Betrayal of the Church.

[6] See The One and the Many: Studies in the Philosophy of Order and Ultimacy and The Foundations of Social Order: Studies in the Creeds and Councils of the Early Church. See also Numa Denis Fustel De Coulanges, The Ancient City: A Study on the Religion, Laws, and Institutions of Greece and Rome; Charles Norris Cochrane, Christianity and Classical Culture: A Study of Thought and Action from Augustus to Augustine.

[7] Entiéndase reunión o asamblea de los ancianos gobernantes, líderes, pastores, el presbiterio, etc. N. del T.

[8] Systematic Theology, Vol. II, p. 685.

[9] establishmentarianism en inglés

[10] Traductor no encuentra una palabra equivalente en español.

[11] Pequeño artículo que estará traducido como apéndice en esta traducción.

[12] Martin Luther, “Right and Power of a Christian Church.”

[13] Así lo quiero, así lo mando. Nota del Traductor.

[14] George Gillespie, Aaron’s Rod Blossoming, 1646

[15] “Jurar en las palabras del maestro”

[16] George Gillespie, A Dispute Against The English Popish Ceremonies

[17] Institutes of Elenctic Theology, 1696.

[18] Ibid.

[19] Ibid.

[20] The Baptist Quarterly Review, Vol. X (London: Trübner and Co., 1888), p. 224.

[21] Charles Hodge, Systematic Theology, Vol. 1, ch. 6, §5.

[22] Ibid.

[23] Ibid.

[24] CFW XXV:5

[25] R.J. Rushdoony, Systematic Theology, Vol. I, p. 296.

[26] En esta dirección encontrará el artículo original de Ministerios Ligonier http://www.ligonier.org/learn/devotionals/royal-priesthood-christ/ el cual es criticado por Bojidar Marinov en en artículo traducido.

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