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Ago 24

Pierre Viret y la Soberanía Total de la Palabra de Dios

Por Jean-Marc Berthoud

En este breve artículo examinaré la contribución al crecimiento constante del Reino de Dios por parte de un Reformador franco-suizo poco conocido, Pierre Viret. Me dedicaré brevemente a mostrar su aplicación de la Palabra de Dios a todos los aspectos de la realidad.

Trasfondo

Ahora, Pierre Viret, el más íntimo amigo de Calvino,1 conocido bajo el nombre del Ángel de la Reforma, no fue, de ninguna manera, una figura menor o insignificante, como la mayoría de historias de la Reforma quisieran llevarnos a imaginar. En 1537 Viret fundó la primera Academia verdaderamente Reformada en Lausanne y dedicó mucho de su tiempo a la enseñanza de la teología a estudiantes que acudieron de todos los rincones de Europa. Esta Academia de Lausanne (y no la de Ginebra, como se piensa con mucha frecuencia) se convirtió en el modelo de todas las futuras academias Reformadas. Para el tiempo de la expulsión de Viret en 1559, la Academia tenía en su registro de matrícula a casi mil estudiantes.

Pero este cristiano afable y gentil, un hombre del temple espiritual más alta, también fue uno de los grandes predicadores de la Reforma.

Jean Barnaud escribe:

Su discurso era tan dulce que podía mantener continuamente la atención y el interés de quienes le escuchaban. Su estilo, que combinaba fuerza con armonía, era tan agradable al oído y a la inteligencia que incluso aquellos de sus oyentes menos interesados en asuntos religiosos, los que más se impacientaban con otros predicadores, le escuchaban sin dificultad e incluso con placer.2

Melchior Adam señala de su predicación:

En Lyon, predicando al aire libre, trajo a miles a la fe salvadora en Jesucristo. Por el poder de su elocuencia divina incluso hacía que aquellos que iban de paso se detuvieran, y le escucharan con atención.3

Pero, además de ejercer tales grandes dones, Viret era, por derecho propio, un prolífico escritor, autor de unos cincuenta libros.

Escribió una pequeña cantidad de tratados en latín, pero la inmensa mayoría de sus

libros fueron escritos en francés, en un estilo familiar y en la forma de diálogos populares.

“Pierre Viret fue, indudablemente (junto con Martín Lutero) uno de los divulgadores más refinados de la fe cristiana en el siglo dieciséis. Pero su profundo interés por las necesidades espirituales de la gente común jamás le llevó (como es tan común en la actualidad) a rebajar el contenido de su enseñanza teológica. Es imposible, en el breve espacio asignado a este escrito, hacerle la justicia apropiada a los excelentes logros de este cristiano extraordinario. Si su buen amigo, Juan Calvino, fue el dogmático consumado y el príncipe de los exegetas, Pierre Viret debe ser considerado como el eticista más refinado y el apologista más preciso del siglo dieciséis. Su obra monumental ‘Instruction Chrétienne En la Doctrine De La Loi Et De l’Evangelie Et En La Vraie Philosophie Et Théologie, Tant Naturelle Que Supernaturelle Des Chrétiens‘4 (La Instrucción Cristiana en la Doctrina de la Ley y el Evangelio y en la Verdadera Filosofía y Teología tanto Natural como Sobrenatural) es, sin duda, su mayor obra teológica y bien puede compararse, en su propio campo, con la ‘Institución‘ de Calvino.”

Las páginas 249 a la 674 constituyen un tratado completo sobre la aplicación detallada de los Diez Mandamientos a todos los aspectos de la realidad. Es la exposición más brillante de la ley de Dios que he tenido el privilegio de leer. La única obra que conozco que en algún sentido se compara con esta obra maestra es la obra del Dr. Rushdoony, Los Institutos de la Ley Bíblica.5 En Viret encontramos no sólo una aplicación detallada de la Palabra de Dios a los problemas prácticos de la vida cristiana en todos los aspectos de la vida personal y social, sino que esto se realiza con un sentido admirable de equilibrio teológico.

En el prefacio Viret presenta su propósito central con la más tremenda claridad:

De este modo, Dios ha incluido en esta Ley todos los aspectos de aquella doctrina moral por la cual los hombres pueden vivir bien. Pues en estas leyes ha provisto algo infinitamente mejor que los filósofos y todos sus libros, ya sea que traten con la ética, la economía o la política. Esta Ley se yergue muy por encima de toda legislación humana, ya sea del pasado, del presente o del futuro y está sobre todas las leyes y estatutos promulgados por los hombres. Se infiere que cualquier cosa que los hombres buenos hayan presentado ha sido incluida previamente en esta Ley, y cualquier cosa que sea contraria a ella es, por necesidad, mala… Esta Ley, si se entiende correctamente, nos equipará con la ética, la economía y la política verdaderas.”6

 

Y Viret concluye su prefacio con estas palabras:

Pues, dado que sólo puede ser Dios mismo quien es capaz de darnos tal Ley perfecta por la cual somos verdaderamente capacitados para gobernarnos a nosotros mismos, de igual manera es sólo Él quien puede proveernos con los Príncipes y Magistrados, Pastores y Ministros dotados con la capacidad de aplicar esta Ley.7

El Pensamiento Político de Viret

De gran valor aquí es el estudio pionero de Robert D. Linder sobre el pensamiento político de Viret. Luego de haber descrito lo que para Viret era la regla normativa de la Palabra de Dios tanto para los asuntos eclesiásticos como para los teológicos, Linder define su pensamiento en estos términos:

Las Escrituras también contenían declaraciones concernientes al estado y, en la medida que se apliquen al gobierno secular, representaban la voluntad de Dios para esa institución. Así, el estado secular era visto por Viret como una creación de facto derivada directamente de Dios mismo pero gobernada en armonía con las normas y preceptos contenidos en las Sagradas Escrituras.8

Pues, a la vista de Viret,

Viret sentía que todas las leyes que afectaban la moral pública y que se relacionaban con valores espirituales debían ser extraídas directamente de la ley moral de Dios. Sin embargo, creía que estas leyes absolutas y eternas de Dios tenían que ser orientadas a los tiempos en los que la gente vivía y al temperamento nacional del país al cual las leyes debían aplicarse.9

Sin embargo, Linder declara:

La noción de Viret de que el príncipe estaba por debajo de la ley es extremadamente interesante y muy diferente de la teoría absolutista que colocaba al rey por encima de la ley.10

Viret lo dice de esta manera:

Pues el príncipe y el magistrado deben estar sujetos a las leyes de la tierra y conformar su gobierno a ellas. Pues no son gobernantes de la ley sino siervos de la misma, puesto que son siervos de Dios de quien proceden todas las leyes buenas.11

 

Sobre el tema de la extensión de la aplicación de los detalles de la ley mosaica a nuestra situación presente, Viret sostenía una posición significativamente distinta a la de Calvino. Así es como Linder define esta diferencia:

Viret, a diferencia de Calvino, estaba dispuesto a extender abiertamente la autoridad de la Biblia sobre el Estado.12

El Discernimiento Económico de Viret

En un libro sobre la naturaleza del estudio de la historia en la última parte del siglo dieciséis, el historiador marxista, Claude-Gilbert Dubois, la presta considerable atención a la visión bíblica de Viret acerca de la historia y al hacerlo trae a la luz el destacado discernimiento económico de nuestro Reformador suizo. El análisis de Dubois se concentra en el estudio de la obra maestra de Viret sobre la apologética, Le monde a l’empire et le monde de’moniacle. Este libro, dice Dubois, bien podría ser considerado un tratado de economía escrito unos doscientos años por delante de su tiempo. Aunque en total desacuerdo con el conservatismo teocéntrico de Viret, no obstante, Dubois fue franco en su admiración de la percepción de nuestro autor de las corrientes económicas contemporáneas. Pues Viret vio en el capitalismo monopólico anárquico que se desarrollaba ante su mirada de indignación una creciente oposición práctica a la ley de Dios y el surgimiento de una sociedad abiertamente anti-cristiana. Viret miraba en el apego progresivo de muchos de sus contemporáneos a la riqueza material (una fascinación carente de todo sentido de mayordomía y rendición de cuentas a Dios por el uso de las riquezas propias) una forma particularmente vil de idolatría donde la rapidez del crecimiento en la opulencia estaba en proporción directa a la pérdida de religión y moralidad.

Dubois escribe:

¿Cuál es el verdadero carácter de la degradación social que Viret percibe en la historia de su tiempo? Su origen es teológico en su naturaleza, vinculado al pecado humano. Se manifiesta inmoralmente por la perversión del orden creado. Pero asume la forma moderna de un escándalo específicamente económico: un orden económico pervertido, una distribución poco ética de las riquezas, provocaba por la circulación de riqueza sólo en una dirección, su acumulación en las manos de unos pocos. Tales son las señales de la corrupción que reina hoy en el mundo.13

Viret escribe:

El más grande mal que se puede imaginar es cuando la cartera pública es empobrecida y los hombres individuales se forran de dinero. Esta es una señal evidente de que la mancomunidad se halla en una condición poco saludable, que la política pública se halla en manos débiles e incapaces y que el estado está bajo el dominio de ladrones y bandidos que lo convierten en su presa.14

Para Viret, tal concentración egotista y acumulativa de riqueza va completamente en contra de las doctrinas bíblicas de la mayordomía, la caridad y el sacrificio personal. Es en sí misma un indicativo claro de la decadencia de una sociedad y anticipa futuros desastres sociales y juicios divinos purificadores. Pues el mecanismo económico que conduce a tal concentración infructuosa de la riqueza en las manos de una oligarquía financiera prepara el camino para aquellas catástrofes sociales y políticas que inevitablemente destruirán a tal clase gobernante amoral e irresponsable.

Viret vio muy claramente que esta nueva oligarquía hizo abundante uso de su dominación monopolística del aparato del estado para apropiarse de las riquezas de toda la nación al perturbar la circulación natural de la riqueza en los canales usuales de producción e intercambio. Para Viret, esta contención del flujo de la sangre económica de la producción industrial y el intercambio comercial por parte de una oligarquía parásita debe romperse si se ha de restablecer una distribución equitativa de la riqueza y si se va a restaurar la riqueza económica de la sociedad.

Esta es una breve evocación de la extraordinaria vida y esfuerzos de Pierre Viret, aquel siervo fiel del Dios Todopoderoso quien trabajó toda su vida para traer cautivo todo pensamiento de sus contemporáneos a la obediencia a Jesucristo y a Su Palabra total.

Jean-Marc Berthoud nacio en 1939 en Sudáfrica de padres misioneros suizos y vive en Lausanne, Suiza. Es licenciado en Artes y también una licenciatura en Artes con Honores de la Witwatersrand en Johanesburgo, Sudáfrica. Es el editor de la revista Résister et Construire, es presidente de la Asociación Vaudoise de Parents chrétiens en Suiza, y de la Asociación Création, Bible et Science, y es autor de numerosos libros.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés y se encuentra disponible en la dirección: https://goo.gl/LTo8pa

Traducción de Donald Herrera Terán, para www.contra-mundum.org

 

1 Henri Meylan, “Une amitié au XVIe siècle: Farel, Viret, Calvin,” en Silhouettes du XVIe siècle (Lausanne, 1943), 27-50.

2 Jean Barnaud, Pierre Viret, sa vie et son oeuvre (Saint-Amans, 1911), 539-540.

3 Ibid., 540.

4 Volumen I; Volumen II (Ginebra, 1564). El tercer volumen fue publicado aparte con el título De la providence divine (Lyon, 1565).

5 R. J. Rushdoony, Los Institutos de la Ley Bíblica (Nutley, NJ: The Craig Press, 1973).

6 Pierre Viret, Instruction chrétienne en la doctrine de la Loi et de l’Evangile (Ginebra, 1564), 255.

7 Ibid., 255-256.

8 Robert D. Linder, Las Ideas Políticas de Pierre Viret (Ginebra, 1964), 55.

9 Ibid., 58, n. 29.

10 Ibid., 59-60.

11 Pierre Viret, Le monde á l’empire et le monde démoniacle fait par dialogues, 91-92.

12 Linder, Ideas Políticas, 63.

13 Claude-Gilbert Dubois, op. Cit., 453.

14 Viret, Le monde á l’empire et le monde démoniacle fait par dialogues, 156. 5

 

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