Jun 17

La Democracia Bíblica vs la Humanista

¿Cómo puedo yo solo llevar el peso y la carga de ustedes y sus pleitos?
Escojan de entre sus tribus hombres sabios, entendidos y expertos (reconocidos por el pueblo por su experiencia, liderazgo y justicia), y yo los nombraré como sus jefes.’
Entonces ustedes me respondieron: ‘Bueno es que se haga lo que has dicho.’
Así que tomé a los principales de sus tribus, hombres sabios y expertos (reconocidos por el pueblo), y los nombré como dirigentes suyos: jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez, y oficiales para sus tribus.
En aquella ocasión di órdenes a sus jueces y les dije: ‘Oigan los pleitos entre sus hermanos, y juzguen justamente entre un hombre y su hermano, o el extranjero que está con él´.
‘No mostrarán parcialidad en el juicio; lo mismo oirán al pequeño que al grande. No tendrán temor del hombre, porque el juicio es de Dios. El caso que sea muy difícil para ustedes, me lo traerán a mí, y yo lo oiré.’
En aquella misma ocasión les mandé todas las cosas que debían hacer.

Deuteronomio 1:12-18

En Deuteronomio 1:9-16, la forma requerida de gobierno en la iglesia y el estado se expone. Lo que Dios requiere es el reverso de la forma normal o habitual, que es de arriba hacia abajo. El gobierno por una élite en la cima de poder es un modelo antiguo tanto como un modelo moderno. En la República de Platón se sostiene que es la única forma válida, es decir el gobierno por los reyes-filósofos. Estos hombres son una élite no elegida, no se someten a ninguna ley, su voluntad determina todas las cosas. Esto es, por supuesto, el patrón del marxismo y el fascismo y también de la llamada Comunidad Europea que se rige por los gobernantes no elegido y cuya ley es su voluntad.

El requisito de Dios es el gobierno de abajo hacia arriba en términos de su ley. Comienza con el autogobierno del hombre cristiano, con la familia como un gobierno, la iglesia, la escuela, la vocación, la sociedad y sus diversos grupos y agencias voluntarias y por último, el gobierno civil, uno de muchos gobiernos. (R. J. Rushdoony, Deuteronomy, Volume V of Commentaries on the Pentateuch, 8–9)

La cuestión de la libertad es ante todo una cuestión de soberanía y de la responsabilidad. ¿Quién es soberano y a quién es el hombre responsable? Esta fuente de la soberanía es también la fuente de la libertad. Si la soberanía reside en Dios y sólo se mantiene ministerialmente por los hombres (autoridad delegada) entonces la responsabilidad básica del magistrado y del gobernado es Dios quién también es la fuente de la libertad. Pero si la soberanía reside en el estado, ya sea una monarquía o la democracia, el hombre no tiene apelación más allá de la ley del estado y ninguna fuente de la ética aparte de el. Tal persona es totalmente responsable a ese orden del estado y únicamente cuenta con los derechos que el Estado decide otorgarle.

La palabra “comprender” significa tanto “abarcar” o “contener” y “entender.” Lo que contiene al hombre es también la fuente de nuestro entendimiento del hombre. Si el hombre es una criatura del estado entonces se debe entenderlo en términos del estado. El hombre según Aristóteles es un animal social que nunca puede trascender su orden político. Sin embargo, el hombre según el cristianismo, creado a imagen de Dios, no puede ser contenido en cualquier cosa menos el decreto y orden eterno de Dios ni se entiende salvo en términos de Dios mismo. Por lo tanto, el hombre no es entendible en términos de hombre sino en términos de Dios. La Monarquía y la democracia absoluta, el estatismo en otras palabras, llegaron a existir como rivales del paganismo y movimientos anticristianos, cualesquiera que sean sus reclamos ostensibles en contrario. (R. J. Rushdoony, This Independent Republic, Esta República Independiente, p. 14).

 

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