Restaurale Gentilmente III

Hemos considerado las ocasiones en que es obligatorio hablar, tanto cuando estamos ofendidos como hemos ofendido. Ahora bien, ¿cómo debemos hablar?

El propósito es restaurar, no tomar venganza ni hacer al hermano sentir nuestro dolor. Mateo 18:15 dice, “Si tu hermano peca, repréndelo. Si te escucha, haz ganado a tu hermano.” Queremos sacar provecho de la oportunidad de glorificar a Dios, servir a otros y crecer a la semejanza de Cristo. Vamos a hablar con el corazón lleno de amor para la otra persona con el propósito de ganar al hermano. Si honestamente hemos sacado la viga de nuestro propio ojo, será más fácil ir con el corazón lleno de amor.

Nuestra guía es Santiago 1:19: “…todo hombre sea pronto para oír, lento para hablar y lento para la ira.” La meta es dialogar que implica escuchar atentamente, no sólo hablar. Tenemos que:

  • · Esperar
  • · Dejar al otro responder (Proverbios 18:13)
  • · Atender a lo que se está diciendo (Mateo 7:12)
  • · Clarificar
    “Creo que estás diciendo…”  “¿Podría darme un ejemplo?”
  • · Repetir lo que hemos entendido, (“Crees que no tomé tiempo para escucharte.” “Desde tu perspectiva, yo estaba equivocado cuando dije eso acerca de ti.”)
  • · Acordar si es cierto lo que la otra persona dice (Salmo 141:5; Proverbios 28:13)

Además, para comunicar bien y amablemente, debemos:

  • · Orar
  • · Elegir el tiempo y el lugar adecuados,
  • · Creer lo mejor respecto del otro (1 Corintios 13:7)
  • · Hablar a la persona siempre que sea posible
    Evita el email o las cartas para la confrontación
    Evita el chisme o la comunicación indirecta por medio de otras personas
  • · Pensar bien nuestras palabras y atender la comunicación no verbal, gestos y tono de voz.
  • · Usar declaraciones del tipo “yo” en vez de acusar
    “Cuando no llegaste, me sentí triste,” en vez de “Nunca cumples con tus compromisos.”
  • · Pensar objetivamente de la otra persona (Filipenses 4:8).
    No es el brujo que percibimos, es hermano en Cristo todavía
  • · Usar la Biblia cuidadosamente (Mateo 7:5)
  • · Buscar la receptividad

¿Piensas que es tarde para hablar? Nunca es tarde para empezar a hacer lo correcto.

Adaptado de El Pacificador, una guia bíblica a la solución de conflictos personales, Ken Sande,
(RDM, 1ª edición, 2000 1ª impresión en español).

 

Restáurale Gentilmente II

En la última sesión descubrimos como discernir si podemos pasar por alto una ofensa contra nosotros o si tenemos que hablar. Pero ¿qué de un hermano que tiene algo contra nosotros? “Pues, el hermano es obligado a decirme, ¿no es cierto?”

De hecho, no es cierto. En el sermón del monte Jesús dice, “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.” (Mateo 5:23, 24)

En este texto Jesús nos obliga preocuparnos por el enojo del prójimo. Si me ocurre que tal vez el hermano tenga algo contra mí, debo dejar mi ofrenda, ir a reconciliarme con él y luego regresar al altar. Anota bien que no dice, “si haz pecado contra tu hermano.” Si tu hermano tiene algo contra ti quiere decir una ofensa real o imaginada.

“¿Cómo puedo adivinar si mi hermana tiene algo contra mí?” No me habla, no devuelva mis llamadas telefónicas, no contesta mis emails, me siento una distancia de ella. El Señor no me permite descuidar una amistad así enfriada. Tengo que preguntarle, “Hermana, me siento que nuestra amistad se ha enfriado. ¿Te he ofendido?”

Si sé que es una persona que va a guardar silencio negando que haya problema, oro pidiendo al Señor mostrarme mi falta y la manera de acercarme a la hermana para reconciliarme con ella. Preparo una confesión completa de los 7 pasos de que ya hemos hablado en otra ocasión en esta serie de artículos.

¿Qué es el propósito de ir a reconciliarme en estos casos? Son tres: aclarar un malentendido, aprender de mis errores y debilidades, y salvarle al hermano de la amargura de no perdonar y de sus enojos.

La próxima vez que vas a participar en la santa cena, piénsalo bien. ¿Es posible que un hermano o hermana tenga algo contra ti? Reconcíliate antes. Vas a recibir una sorpresa, la bendición de la presencia del Señor más íntima que nunca contigo en la toma del pan y la copa.


Respondiendo de Manera Bíblica a los Conflictos
Basado en el libro El Pacificador por Ken Sande, RDM, Springfield, Missouri, 1997 (En Español 2000).

Restáurale Gentilmente I

¿Haz experimentado un conflicto continuo en que piensas mejor guardar silencio pero luego no puedes aguantar más? Negamos que haya conflicto hasta que no podemos tragar la pastilla amarga jamás y explotamos en un chorro de palabras enojadas. Dejamos un puente de amistad permanentemente quemado. ¿No hubiera sido mejor hablar muy antes?

Las preguntas que queremos contestar en esta sección son: ¿Cuándo es necesario hablar? ¿Cómo podemos mostrar a otros como es ellos han contribuido a un conflicto? ¿Con qué actitud debo acercarme a la necesidad de confrontar? Estamos en el punto tres de cuatro, 1. Glorifica a Dios, 2. Saca la viga de tu propio ojo, 3. Restáurale gentilmente, y 4. Ve y reconcíliate.

Ahora, ¿Cuándo es necesario hablar? “El amor: todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” (1 Corintios 13:7) “Si es así,” preguntas, “¿Por qué confrontar? ¿No mejor no decir nada?” Es cierto que podemos evitar muchos conflictos simplemente por pasar por alto una ofensa no insistiendo en nuestros derechos. El chiste es que tendemos a confundir el pasar por alto por la negación.

El pasar por alto no es un proceso pasivo simplemente guardando silencio mientras esperamos un momento propicio para usar la ofensa en contra de la otra persona. Esto es sembrar y cultivar semillas de venganza. El pasar por alto una ofensa es perdonar de corazón sin amarguras y sin hablar a nadie de la ofensa nunca. Pero esto no siempre es sabio, ni bíblico, ni es siempre una muestra de amor.

Son dos ocasiones en que no puedes pasar por alto una ofensa. Primero, si la ofensa ha levantado un muro entre ustedes o te ha causado sentir diferente hacia la otra persona por más que un tiempo breve. Segundo, si el pecado daña la gloria de Dios, causa una separación en una amistad, daña a otras personas o a la persona misma. Si es así, tienes que hablar. Pero espera. Luego tocamos el tema de cómo hablar.

La próxima vez que te sientes chocado con alguien y decides guardar silencio, piénsalo bien, ¿estás realmente pasando por alto la ofensa o guardando rencor?


Respondiendo de Manera Bíblica a los Conflictos
Basado en el libro El Pacificador por Ken Sande, RDM, Springfield, Missouri, 1997 (En Español 2000).

Principio 1: Saca la Viga de tu Propio Ojo parte III

Principio I
Parte III – Los Idolos del Corazón

En la parte I y II tocamos el tema de cómo identificar la viga en nuestro ojo y los ídolos del corazón que son la raíz de dicha viga. Ahora, platicamos de la cura para el corazón engañoso, la confesión.

Cuando es obvio que hemos ofendido a alguien, es decir reconocemos que no hay manera de echar la culpa fuera de nosotros mismos, decimos, ¡Perdóname! ¡Discúlpame! Son frases que usamos ligeramente. Somos educados que es una obligación social pero sin realmente arrepentir del pecado atrás de la ofensa. Reconozco la falta de sinceridad cuando alguien me ofende y me ofrece un perdóname muy superficial. ¿Cómo podemos asegurarnos que nuestra confesión es completa y sincera? Me ha ayudado mucho poner en práctica los siete pasos de una confesión genuina.

1. Incluye a todos los implicados (Salmo 41:4; Lucas 19:8).

  • Siempre incluye a Dios
  • La persona ofendida directamente
  • Otros dañados – p.ej. los que observaron

2. Evita los “quizás”, “si”, “pero” y “es que” (Salmo 51).

  • Esto es mi viga: lo que hice /pensé /dije.
  • No importa las otras cosas que tal vez haya pasado, mi parte del problema es esto.

3. Confiesa específicamente.

  • “Cuando hice, pensé, dije ______, me equivoqué.”
  • Está de acuerdo con Dios y los otros que cometiste un error sin calificación

4. Sé Sincero Expresar una tristeza genuina por las consecuencias de tus acciones.

  • “Reconozco que mi pecado dañó a Dios, a los otros, y a mi mismo.

5. Acepta las consecuencias de tus acciones. (Lucas 15:19; Números 5:5-7; Lucas 19:8)

  • “He dañado tu confianza y tengo que reedificarla.
  • Paga tus deudas.

6. Cambia tu conducta (Efesios 4:22-23)

  • Deja que tu arrepentimiento – tu actitud cambiada, tu nueva dirección y acciones – hable por tu parte…

7. Pide perdón  (Génesis 50:17)

Ahora cuando tenga que confesar, preparo una respuesta escrita y ensayo lo que voy a decir. No lo hizo muy bien al principio, pero aún con mis fallas, la respuesta ha sido de mucha bendición. Hazlo. Te va a gustar los resultados. Te garantizo.


Respondiendo de Manera Bíblica a los Conflictos
Basado en el libro El Pacificador por Ken Sande, RDM, Springfield, Missouri, 1997 (En Español 2000).

Principio 1: Saca la Viga de tu Propio Ojo Parte II

Principio 1

Los Idolos del Corazón

Cuando me encuentro en un conflicto antes de haber sacado la viga de mi propio ojo, ruego al Señor me de la paz que necesito. Pero, me parece muy lento en contestar esta petición, y además lento en contestar y suplir muchas otras peticiones no relacionadas al conflicto mismo. ¿Has experimentado algo similar?

En desesperación pregunté a Dios porque no contestaba mis oraciones y me dio la respuesta en Ezequiel 34:3, “Oh hijo de hombre, estos hombres han erigido sus ídolos en sus corazones y han puesto delante de sus rostros aquello que les hace caer en la iniquidad. ¿Habré yo de ser consultado por ellos?”

Ahora, en un conflicto asumo que mi corazón está engañándome y probablemente he puesto algo, como mi ego, en lugar de Dios. Esto no es una conducta pasiva como lo es ignorar a Dios. Es una conducta activa como lo es pelear con Dios. Así soy como hombre salvado en proceso de crecer espiritualmente.

Los ídolos del corazón muchas veces son deseos legítimos, tal como ser obedecido por mis hijos, que se convierte en una demanda (Santiago 4). El ídolo progresa así: yo deseo, yo demando, yo juzgo, yo castigo. Cuando hay división en la iglesia o divorcio de un matrimonio, suele ser que las razones dadas son tonterías. Pero atrás de estas tonterías están los ídolos monstruosos de los egos, comprometidos a no ceder a nadie, ni siquiera a Dios.

Pero, hay esperanza. Tenemos todo lo que necesitamos para la vida y piedad (2 Pedro 1:3). Podemos identificar el ídolo que no nos permite reconciliar. Piensa en un conflicto pasado o presente que te ha sido difícil resolver y hazte las siguientes preguntas:

  • · ¿Qué ocupa mi tiempo y pensamientos?
  • · Si fuera ________, todo estaría bien, feliz, seguro
  • · ¿Qué quiero preservar o evitar?
  • · ¿En qué/quién confío?
  • · ¿Qué temo?
  • · ¿Qué me causa frustración, ansiedad, resentimiento, amargura, enojo, depresión?
  • · ¿Hay algo tan importante que estoy dispuesto a decepcionar o lastimar a otros para tenerlo?

Una vez habiendo identificado el ídolo, ¿cómo podemos quitarlo y regresar a adorar al Dios verdadero? Lo hacemos por medio del arrepentimiento genuino, la confesión y el perdón, tema del siguiente artículo en esta serie.

Adaptado de El Pacificador, una guia bíblica a la solución de conflictos personales, Ken Sande,
(RDM, 1ª edición, 2000 1ª impresión en español).

Los Cuatro Principios Básicos

Un piloto me comentó que el volar es pasar horas aburridas interrumpidas por momentos de terror espantoso. El momento de crisis en el aire no es el tiempo para tener que pensar en la ciencia de la ingeniería aeronáutica. Mejor tener unos procedimientos de emergencia bien dominados para facilitar la toma de decisiones al instante en caso de una emergencia.

Así es con el conflicto. La Biblia está llena de consejos en como manejar el conflicto, pero en el momento del choque es muy difícil recordar lo que debemos hacer.

Además, los consejos bíblicos parecen ser conflictivos. Proverbios 19:11 dice, “El buen juicio hace al hombre paciente; su gloria es pasar por alto la ofensa.” Pero Lucas 17:3 ofrece lo que parece lo contrario, “Si tu hermano peca, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo.” ¿Qué debemos hacer, pasarla por alto o reprenderlo?

Como los pilotos, necesitamos unos procedimientos de emergencia para manejar bien el conflicto. Nos conviene una teología sistemática del conflicto que organiza lo que la Biblia enseña sobre el tema. Es precisamente lo que ofrece el libro, Él Pacificador. Organiza todo lo que la Biblia ofrece sobre el conflicto y el hacer la paz en cuatro puntos:

  1. Glorifica a Dios
  2. Saca la viga de tu ojo
  3. Restáurale gentilmente
  4. Ve y reconcíliate

La secuencia de los cuatro principios es importante. Antes de hablar con la persona que nos ofendió, tenemos que ocuparnos con el glorificar a Dios en este conflicto y el sacar la viga de nuestro propio ojo. En los siguientes meses, vamos a desarrollar estos puntos en más detalle. Mientras, si es posible, en cuanto dependa de ti, está en paz con todos. (Romanos 12:18)


Respondiendo de Manera Bíblica a los Conflictos
Basado en el libro El Pacificador por Ken Sande, RDM, Springfield, Missouri, 1997 (En Español 2000).